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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 110

Capítulo 110

CAPÍTULO 61

- ¡A formar los grupos! -anunció la Madre Superiora, aplaudiendo con fuerza-. ¡Los mayores ayudan a los pequeños! ¡Cada tienda es un equipo!

Fue en ese momento de confusión organizada cuando Mateo aprovechó para buscar a su hermana.

Sofía estaba absorta, intentando desenredar una cuerda junto a Flor, una de las niñas más apegada a ella.

- Sofía, ven -susurró Mateo, tirando de su manga con urgencia.

- ¡Mateo! Todavía no hemos armado nuestra tienda -se quejó la niña, frunciendo el ceño-.

Quiero hacerlo, Flor dice que si la armamos bien, nos darán un premio extra.

- Sofía, escucha -Mateo la llevó un poco más lejos, detrás de un gran pino-. El próximo año volveremos y armarás todas las tiendas que quieras.

Pero ahora tenemos que enfocarnos. ¿Te acuerdas de lo que hablamos ayer Sofía suspiró, recordando la misión secreta de su hermano. Ella no estaba tan convencida de que Alexander fuera el villano, pero la lealtad hacia Mateo era inquebrantable.

- Está bien -cedió ella a regañadientes, siguiéndolo mientras se agachaban para pasar desapercibidos entre los arbustos.

Se deslizaron hacia la zona donde Damián y la señora Fanny habían depositado el equipaje de los De la Vega. Era un despliegue de maletas de cuero y fundas de equipo deportivo que desentonaba con las mochilas gastadas del orfanato. Mateo se detuvo frente a una funda larga de color negro con el logotipo de una marca de artículos de montaña extremadamente costosa.

- ¿Estás seguro de que estos son los de Alexander?

-preguntó Sofía en voz baja, mirando a su alrededor con nerviosismo.

- Sí, estoy seguro. Los vi bajar del bus con ellosrespondió Mateo con una mueca-. Comencemos.

¿Dónde está la tuya?

- Aquí, con mis cosas -respondió Alexander con una confianza que Lucía sabía que era peligrosa-.

He leído el manual en el trayecto. No debería ser un reto.

Sacó la funda negra y comenzó a extraer las varillas de aluminio ligero. Eran de última tecnología, con imanes que las unían casi automáticamente.

Alexander comenzó a encajarlas con movimientos decididos, intentando mantener esa imagen de hombre capaz de dominar cualquier entorno - Las varillas parecen estar bien -comentó Lucía, cruzándose de brazos-. Pero recuerda que aquí el viento sopla fuerte por la noche. Si no la tensas bien, saldrás volando.

- No te preocupes, Lucía. La ingeniería de esta marca es infalible -aseguró él.

Alexander sacó la tela de la tienda. Estaba doblada con precisión quirúrgica. Comenzó a extenderla sobre el suelo, intentando encontrar los ojales para las varillas. Introdujo la primera vara y tiró de la tela para levantar la estructura. Fue entonces cuando ocurrió el primer desastre.

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