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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 333

Capítulo 333

CAPÍTULO 248

Samanta iba recostada contra el asiento de cuero, con las piernas cruzadas y la vista perdida en las luces de los coches que pasaban en dirección contraria.

- Y bien, amor...-comenzó él, con voz suave, no queriendo sobresaltarla- Ahora que logramos sobrevivir al primer día en el clan de la Vega, cuéntame. ¿Cómo fue tu día realmente? ¿Cómo estuvo la experiencia con mi familia, mi tia?

Samanta se giró hacia él. La luz del tablero iluminó una sonrisa genuina, desprovista de las defensas que solía llevar en la ciudad.

- Fue... abrumador, al principio-confesó ella, acariciando la suave tela de su vestido- La finca, la cantidad de gente, el nivel de organización... es un mundo que intimida. Pero, sinceramente, Mateo, estoy feliz. Muy feliz.

- Me alegra escuchar eso. Tenía miedo de que mi madre te interrogara o de que la tía Elisa te hiciera sentir como un bicho raro.

- No me tuvieron la oportunidad. Tu familia fue sorprendentemente acogedora. Ellos fueron muy amables conmigo, Mateo. -Samanta suspiró, recordando el apoyo en los establos y la cenaEspecialmente tu hermana y tu mamá. Sofía es un torbellino, pero tiene un corazón enorme. Y tu madre, Lucía... impone mucho respeto, pero es tan cálida. Son como vos. Muy buenas personas.

Te hacen sentir que perteneces, aunque acabes de llegar.

Mateo sonrió con orgullo.

- Te lo dije. Mis padres y Sofía saben reconocer a la gente de verdad. Tienen un radar para la autenticidad que es imposible de engañar. Si les agradas, estás a salvo.

La sonrisa de Samanta flaqueó ligeramente, y bajó la vista hacia sus manos, jugando con el dobladillo de su chaqueta prestada.

- Sí, me hicieron sentir bienvenida. Pero... esto no es lo mío, Mateo -admitió ella en un susurro, con un tono de duda que ensombreció la confesión anterior- Ese nivel de vida, esas responsabilidades sociales, la caridad organizada a gran escala. Todo es tan grande. No sé si encajo en ese cuadro.

Mateo frenó suavemente al acercarse a un peaje, mirándola con el ceño fruncido.

- Samanta, no tienes que encajar en ningún lado.

No te traje aquí para que seas una pieza de exhibición. Solo quiero que estés conmigo.

-Lo sé -dijo ella rápidamente, intentando que él no malinterpretara sus palabras- Pero mírame.

Vengo de bailar en la oscuridad de un club para pagar deudas que ni siquiera eran mías. No tengo una carrera, no tengo contactos, no sé de fundaciones ni de inversiones. Si me quedo en este mundo tuyo, no quiero ser una carga para todos. No quiero que piensen que soy una oportunista que se colgó de tu brazo.

Samanta tomó aire, dejando escapar el mayor de sus miedos, la frase que definía su terror a perder su escasa independencia.

- Sobre todo, Mateo... no quiero ser una esposa florero.

La frase cayó en el habitáculo del coche, rebotando contra el parabrisas y el cuero oscuro.

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