Capítulo 330
CAPÍTULO 245
Cuando Samanta bajó los escalones hacia la calle, Sofía ya la estaba esperando en la camioneta. El motor del robusto Jeep Wrangler ronroneaba con un sonido reconfortante y seguro.
Sofía, desde el asiento del conductor, le hizo un gesto amistoso con la mano.
¡Justo a tiempo! -la saludó Sofía cuando la bailarina abrió la puerta del copiloto- Sube, tenemos un largo día por delante y una agenda que organizar antes de llegar al hipódromo.
Cuando Samanta subió y cerró la pesada puerta del vehículo, se dio cuenta de inmediato de que Sofía no estaba sola. Una tos exagerada proveniente de la parte trasera del Jeep la sobresaltó.
Samanta se giró bruscamente en su asiento. Allí, desparramado cómodamente en la parte trasera del coche, con unas gafas de sol oscuras y una sonrisa deslumbrante que ocupaba la mitad de su rostro, se encontraba el primo menor de Mateo.
- ¡Buenos días, equipo! -exclamó Benicio de la Vega, levantando un vaso térmico de café a modo de brindis matutino.
Samanta se asustó por la aparición repentina, llevándose una mano al pecho por puro instinto, pero al enfocar la vista, reconoció al chico de inmediato.
- Buenos días -exclamó ella también, recuperando el aliento y ofreciéndole una sonrisa genuina, aliviada de que fuera una cara conocida y amigable- No te vi al subir.
- Es parte de mi encanto-bromeó Benicio, reclinándose en el asiento- Ya estamos todos. Me gusta este equipo de trabajo. Presiento que vamos a revolucionar el mundo del marketing ecuestre hoy mismо.
Samanta soltó una carcajada suave, ajustándose el cinturón de seguridad mientras Sofía ponía el Jeep en marcha.
-Aún no hicimos nada, Benicio. Ni siquiera sabemos qué color de manteles vamos a elegir.
- Haremos grandes cosas, ya verás -le aseguró él, apuntándola con un dedo- Tengo un ojo clínico para la estética. Además, mi madre está a cargo de las flores y los manteles, así que nuestro trabajo real será lidiar con la prensa y los patrocinadores pesados. Pan comido.
Sofía miró a su primo por el espejo retrovisor mientras se incorporaban al tráfico de la autopista.
- Vos deberías estar en la oficina, Benicio-le reprochó Sofía, adoptando su habitual tono de hermana mayor gruñona- Es martes por la mañana. Se supone que el Director Global de Logística debería estar trabajando en nuevas rutas de transporte o peleándose con algún proveedor, no haciendo de relacionista público en mi evento benéfico.
-¡Llegó la caballería! -anunció Benicio, entrando a la terraza con los brazos abiertos.
Lucía se levantó con una sonrisa cálida, saludando a su sobrino y abrazando a su hija. Luego, su mirada se detuvo en Samanta. Se acercó a la joven y le tomó las manos con una ternura que a Samanta le ablandó el corazón.
- Samanta, querida, qué alegría que hayas aceptado venir a ayudarnos hoy.
- Gracias por invitarme, señora Lucía -respondió Samanta con timidez- Espero poder ser de utilidad.
Incluso Elisa, que al principio la miró de arriba abajo con su habitual escrutinio de la alta sociedad, terminó cediendo ante el encanto tranquilo y la eficiencia de la joven.
Lo cierto es que trabajaron muy bien. A lo largo de la mañana y gran parte de la tarde, Samanta demostró ser un activo invaluable.
Hasta a Elisa le cayó muy bien Samanta. Ella desconocía por completo la verdadera historia de la chica. En su mente, Samanta era solo una organizadora de eventos joven, con buen gusto y lo suficientemente sumisa para aceptar sus correcciones sin discutir.
- Tienes muy buen ojo para el equilibrio visual, querida -le concedió Elisa a media tarde, mientras aprobaban el diseño de las invitaciones doradas- Definitivamente, tienes más instinto para la elegancia que mi sobrina Sofía.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.