Capítulo 332
CAPÍTULO 247
En el asiento del copiloto, Benicio estaba revisando mensajes en su teléfono con la pantalla iluminando su rostro cansado. A pesar de que su madre, Elisa, le había insistido casi al borde de la orden para que volviera con ella en el sedán familiar, Benicio prefirió volver con su hermano. La idea de pasar otra hora entera escuchando sobre centros de mesa y decoraciones le parecía perturbador.
Thiago conducía con las dos manos en el volante, la mirada fija en el asfalto, y el ceño fruncido en esa expresión perpetua de concentración intensa que lo caracterizaba cuando algo escapaba a su control. Y esa noche, casi todo se le había escapado.
-¿Por qué no te volviste con nuestra madre?
Ambos van a la misma casa-preguntó Thiago finalmente.
Benicio ni siquiera levantó la vista del celular para responder.
-¿Y por qué no lo hiciste tú? Podría conducir tu coche mientras le haces compañía a nuestra madre-replicó Benicio, devolviendo la pregunta con una sonrisa irónica dibujada en la comisura de los labios-. ¿Querías que me fuera con ella para que me siga hablando de flores, manteles color salmón y platos de porcelana importada? No, gracias. Valoro mi cordura, hermano.
Thiago soltó un suspiro corto y exasperado. Sabía que Benicio tenía razón. Su madre era una fuerza de la naturaleza imposible de contener.
- Está bien. Tampoco lo hubiera soportadoconcedió Thiago, cambiando de carril con suavidad- Pero ya que estás aqui, hablemos de lo importante.
La tensión de Thiago era palpable en el aire acondicionado del coche.
- ¿Y qué más averiguaste de ese tal Esteban?- preguntó Benicio, adoptando un tono inusualmente serio, guardando su teléfono y girándose para mirar a su hermano mayorDespués de la declaración de esta noche parece que nuestra prima va muy en serio con él. Va a lievarlo a la gala frente a toda la familia. Hay que hablar con ella antes de que sea tarde y termine con el corazón roto, o peor, metida en un escándalo de tabloides por cuipa de un practicante oportunista.
Thiago apretó la mandíbula al recordar las palabras afiladas de Sofía en el comedor. Tengo una cita confirmada, había dicho, mirándolo directamente a los ojos con un desafío que le había quemado por dentro.
- No voy a hablar con ella todavía -respondió Thiago, con la voz dura y fría como el hielo-Aún no tengo ninguna prueba sólida, Benicio. Lo que escuché en la sala de copias es suficiente para mí, sé la clase de basura que es ese tipo, pero no es algo que pueda usar como causa de despido, y definitivamente no es suficiente para convencer a Sofía. Ella es terca. Si voy y le digo que su príncipe azul es un trepador sin presentarle pruebas irrefutables de sus deudas o sus verdaderas intenciones, pensará que lo hago solo por... por controlarla. Se pondrá del lado de él por pura rebeldía contra mí.
- Bueno, entonces consigamos las pruebas - sugirió Benicio con practicidad- Tienes los recursos de la empresa. Está en tu departamento.
Tú eres su jefe directo. Tienes acceso a todo.
Thiago soltó una risa amarga y golpeó el volante con la paima de la mano, frustrado.
- Ese es el problema, Benicio. Ya no lo tengo.
Benicio frunció el ceño, confundido por la declaración.
- ¿Cómo que no lo tienes? Es el practicante de tu área, ¿no?
- Era mi asistente -corrigió Thiago, apretando los dientes- Ahora ya no trabaja para mí.
-¿Qué? ¿Lo despediste? -preguntó Benicio, asombrado- ¡Y no me avisaste!
- No, no lo despedí -siseó Thiago, y la irritación era evidente en cada sílaba- Karla se lo llevó.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.