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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 334

Capítulo 334

CAPÍTULO 249

Mateo Flores de la Vega estaba sentado en su escritorio, intentando, con muy poco éxito, concentrarse en un informe trimestral.

A su derecha, Benicio estaba jugando con el celular. A su izquierda, Thiago estaba sentado con su habitual rectitud, revisando correos en su tableta, pero con una atención enfocada en Mateo.

El reloj de pared marcó las diez. Llevaban alli cuarenta y cinco minutos.

Mateo dejó caer el bolígrafo sobre la madera y los miró con exasperación.

- ¿No tienen nada más que hacer que estar en mi oficina hoy? -preguntó, elevando la voz lo justo para romper la falsa tranquilidad de la sala- Se supone que tienen departamentos enteros bajo su mando, asuntos que resolver y mercados que conquistar. Sin embargo, llevan casi una hora aquí como si esta fuera la sala de espera del dentista.

Benicio fue el primero en romper el silencio, atrapando el globo terráqueo y sentándose derecho, con una sonrisa amplia y expectante.

- Los camiones saben cómo llegar a sus destinos.

Lo que no sabe llegar a mi cerebro es la información crucial de este fin de semana. Y la verdad... no me voy a ir hasta que cuentes cada detalle.

Mateo frunció el ceño, adoptando una postura defensiva.

-¿Detalle de qué, Benicio?

- ¡No te hagas el desentendido! -Benicio señaló la cara de Mateo con el globo terráqueo de espuma- Del milagro romántico. Cómo es que, de la noche a la mañana, después de que te fuiste huyendo como un forajido hacia la costa sur, ahora tienes novia oficial. La llevaste a la finca, encantó a mi tía Lucía, a mi madre... ¡Es magia negra! Quiero escuchar la historia completa. Con lujo de detalles, por favor.

Mateo rodó los ojos. La curiosidad de Benicio era legendaria y letal.

- No hay ninguna historia con lujo de detalles que te incumba, Benicio. Hubo un viaje, hablamos, aclaramos cosas y ahora estamos juntos. Fin de la historia. Es mi vida privada, no un informe de prensa.

Benicio bufó. Miró a su hermano mayor en busca de apoyo. Thiago no dijo nada. Mantenía la vista fija en su tableta, pero su silencio no era de desinterés. Thiago también quería escuchar la historia. A su manera necesitaba saber si esa bailarina que había provocado que a su primo le rompieran la cara en un antro era una mujer que valía la pena.

Mateo captó la atención silenciosa de Thiago y supo que ninguno de los dos iba a dejarlo en paz fácilmente. Pero él no iba a dar su brazo a torcer.

- Vayan a trabajar y salgan de mi oficina -ordenó Mateo, levantando un dedo hacia la puerta con autoridad, adoptando el tono que usaba para despedir a proveedores ineficientes- No voy a alimentar su necesidad de chismes de pasillo. Y si no se van, llamaré a seguridad para que los escolten fuera.

Benicio se quejó, haciendo un puchero exagerado, pero Thiago bajó la tableta lentamente, poniéndola sobre la mesa de cristal. La actitud relajada desapareció de su rostro, reemplazada por una sombra oscura y urgente.

- Mateo -dijo Thiago, y la expresión de su rostro cambió radicalmente. Ya no era el primo molesto buscando un cotilleo; Su voz sonó grave, perdiendo cualquier rastro de ligereza- Hablemos en serio.

Mateo notó el cambio de inmediato. Bajó la mano y se reclinó en su silla, intrigado.

-¿De qué quieres hablar?

Thiago se inclinó hacia adelante, entrelazando los dedos, mirándolo a los ojos con una intensidad que inquietó a Benicio, quien guardó el pisapapeles y se sentó recto.

- Tienes que hablar con tu hermana sobre ese Esteban -dictaminó Thiago, soltando el nombre como si fuera un insulto corporativo.

Mateo parpadeó, desconcertado por el cambio abrupto de tema.

- ¿Dijo qué?

- Dijo que acercarse a ella era como sacarse la lotería corporativa para subir rápido en el organigrama -prosiguió Thiago, no omitiendo detalles crueles para asegurarse de que Mateo comprendiera la gravedad del asunto- El tipo es un trepador calculador. Está usando su ingenuidad y su empatía con los animales para meterse en la familia por la puerta de atrás. Y yo no lo voy a permitir.

Benicio, que hasta ese momento había permanecido callado, se sumó a la advertencia.

- Además, primo... hay otra cosa. En el hipódromo el sábado pasado, Karla y yo nos acercamos a la zona de apuestas privadas. Ese chico, Esteban, estaba en la ventanilla de los apostadores fuertes.

La confirmación doble fue suficiente para Mateo.

- Ese imbécil -siseó Mateo, golpeando la mesa con el puño cerrado, olvidando por completo que estaba en un entorno profesional- No es conveniente para ella. Si es un ludópata encubierto y un trepador, es un peligro. Sofía tiene el corazón demasiado grande para ver las malas intenciones en la gente que se hace la pobre víctima.

Thiago asintió, satisfecho de haber encontrado un aliado.

- Exactamente -dijo Thiago- Por eso vine a buscarte a ti, no a tu padre. Y si yo voy y la confronto, se pondrá a la defensiva por pura rebeldía contra mí, pensando que solo soy el primo mandón.

-Tienes razón, si eres el primo mandón - concedió Mateo respiró hondo, pasando la mano por su cabello desordenado, asumiendo la responsabilidad del rol que debía jugar.

- Voy a hablar con ella -afirmó Mateo con determinación, mirando a Thiago y luego a Benicio, cerrando filas con sus primos- Le contaré lo que escuchaste en la sala de copias y lo de las apuestas. Y luego, nos encargaremos de ese Esteban. Ella tiene que abrir los ojos.

La alianza estaba forjada.

- Hazlo rápido, Mateo. Antes de que ese parásito se instale más profundo.

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