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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 112

Capítulo 112

CAPÍTULO 62

Victoria Navarro estaba apoyada contra una barandilla de madera, observando a Alexander con una sonrisa que pretendía ser lánguida pero que denotaba una desesperación mal contenida.

Alexander se detuvo y la miró de arriba abajo con una ceja alzada, su paciencia ya mermada por el incidente de la tienda de campaña.

- Victoria, ¿qué haces exactamente en este lugar?

-preguntó Alexander con voz seca-. No recuerdo que este campamento fuera parte de tu agenda social ni la beneficencia de hecho.

Victoria se enderezó, fingiendo una ofensa que no sentía.

- Qué amable recibimiento, Alexander. Me ha invitado Elisa, a mí y a Fernando. Ella pensó que, dado que Fernando ocupa ahora un lugar tan importante en la corporación Vega, era lógico que se integrara en las actividades familiares. Al fin y al cabo, somos todos parte del mismo círculo, ¿no?

Alexander soltó una risa corta, cargada de cinismo.

-¿Un lugar importante? -repitió, acercándose un paso-. Ya quisieras, Victoria. Fernando es un ejecutivo eficiente, nada más. Y si crees que esta actividad tiene algo que ver con la junta directiva de la empresa, estás más perdida de lo que pensaba.

Esto es para los niños, no para hacer relaciones públicas.

- Pero están todos aquí -insistió ella, ignorando el desprecio en el tono de él-. Mira, Alexander, tu cuñada me invitó y me pareció una buena oportunidad para conectar con la naturaleza. Y aquí estoy, dispuesta a ser útil.

- Lo de conectar con la naturaleza te lo creeré cuando termine este fin de semana -sentenció Alexander, dándole la espalda.

En ese preciso momento, Lucía salió de la cabaña acompañada por la Madre Superiora. Lucía llevaba el cabello recogido en una coleta alta y las mangas de su camisa de cuadros remangadas, lista para el trabajo duro. Al ver a Alexander y Victoria juntos, su expresión se volvió neutral, aunque sus ojos analizaron la escena con rapidez.

- Alexander, justo te buscábamos -dijo la Madre Superiora con una sonrisa afable-. Vamos a organizar la comida para el batallón de niños.

Necesitamos manos fuertes y disposición.

Alexander dio un paso atrás de inmediato, levantando las manos en señal de rendición.

- Paso, no es lo mio. Con todo respeto, no sé hacer nada en una cocina que no implique usar un microondas o llamar a un servicio de catering. Soy un peligro público con un cuchillo en la mano Lucía soltó una risita suave, disfrutando de la honestidad del magnate. Luego, giró la cabeza hacia Victoria, quien observaba la interacción con los labios apretados.

- ¿Y tú, Victoria? ¿Quieres venir a ayudarnos? — preguntó Lucía. No era un desafío, sino una invitación genuina, aunque sabía perfectamente que Victoria probablemente preferiría pisar brasas ardientes antes que pelar una patata.

Victoria vio la oportunidad de oro. Si Alexander no iba a entrar en la cocina, al menos ella podría pasar tiempo a solas con Lucía para marcar territorio.

- Claro -respondió Victoria con una voz excesivamente dulce-. Si las puedo ayudar en algo, me encantaría. Siempre es bueno aprender cómo vive la gente... común.

La Madre Superiora, ajena al veneno oculto en las palabras de Victoria, las guió hacia la pequeña cocina de la cabaña. El espacio era reducido, con estantes de madera llenos de platos de cerámica y un aroma a pan viejo y hierbas secas.

- Bien -dijo la hermana, poniéndose un delantal -. ¿Cuáles son las ideas para el menú del día, Lucía?

- Vamos a preparar cosas simples que les gusten a los niños y que podamos hacer en grandes cantidades -explicó Lucía, moviéndose con la agilidad de quien conoce el terreno-. Para el mediodía, unos macarrones con queso estarán bien.

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