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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 113

Capítulo 113

CAPÍTULO 63

Rodrigo de la Vega, con una camisa de lino que ya empezaba a mostrar manchas de sudor, observaba el entorno con un desprecio mal disimulado. A su lado, su padre, Roberto, mantenía una expresión de aburrimiento soberano, mientras que Fernando Castillo permanecía un paso atrás, con esa sonrisa servil que utilizaba como máscara.

- La verdad, Fernando, es que no sé qué hacen aquí ustedes dos -soltó Rodrigo, rompiendo el silencio con su tono habitual de arrogancia-.

Nosotros no tuvimos otra opción más que acceder a este lugar infestado de mosquitos porque fue la brillante idea de mi abuelo. Pero tu esposa y tú, ¿qué hacen aquí? No me digas que ahora también les apasiona la filantropía de bajo presupuesto.

Fernando sintió una punzada de irritación, pero la ocultó bajo una risa ligera. Sabía perfectamente por qué Victoria estaba allí: su obsesión por Alexander era un motor que la arrastrabaa cualquier lugar donde él estuviera, incluso a un campamento rodeado de huérfanos. Pero Fernando no era tan estúpido como para decir eso en voz alta.

- Tu esposa, Elisa, invitó a la mía -respondió Fernando, encogiéndose de hombros con naturalidad-. Y ya conoces a Victoria; cuando se le mete una idea en la cabeza, no hay quien la detenga.

Ella me arrastró hasta aquí. Aunque, para ser honesto, este lugar me trae muy buenos recuerdos.

Roberto de la Vega arqueó una ceja, mirando a su alrededor con incredulidad.

-¿Recuerdos? ¿Ya habías venido aquí antes, Castillo?

- Sí -asintió Fernando, dejando que su mirada se perdiera en el espesor de los árboles-. En mi juventud.

- Todo está listo, señor Castillo -respondió una voz masculina, distorsionada por un filtro de seguridad-. Las transferencias desde las cuentas de inversión de Roberto y Rodrigo de la Vega se han diversificado en seis paraísos fiscales. No hay forma de rastrearlas hasta usted. En cuanto a la cuenta personal de Victoria Navarro, el vaciado se completará en el transcurso de este mes.

Fernando sintió un subidón de adrenalina. Todos en la familia De la Vega lo trataban como a un subordinado útil, un peón en sus juegos de poder.

Victoria creía que él era su esposo trofeo y sus aliados creían que era un cómplice ambicioso pero limitado. Ninguno sospechaba que el estúpido de Fernando les estaba robando hasta los cimientos.

- ¿Y los documentos? -preguntó Fernando.

- Su nueva identidad estará lista a finales de la semana. Pasaporte, licencias y registros financieros a nombre de Julian Vance. En cuanto el botín esté consolidado, podrá desaparecer sin dejar rastro.

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