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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 127

Capítulo 127

CAPÍTULO 73

El despertar en la mansión De la Vega fue como una bofetada de realidad helada.

Alexander ya no estaba a su lado. El lado de la cama estaba frío, una señal de que el Sr. De la Vega había regresado a su rutina de madrugadas y gimnasio antes de que el sol terminara de salir. Lucía suspiró, se levantó y se dirigió al vestidor. Guardó las botas de montaña manchadas de barro en un rincón, casi con nostalgia, y seleccionó un traje de chaqueta azul marino, sobrio y profesional. Hoy no era la "tía Lucía" del campamento; hoy era la Presidenta de VegaCorp, y sabía que el comité de bienvenida no traería macarrones con queso.

Al bajar al comedor, el ambiente estaba cargado.

Rodrigo y Elisa ya estaban sentados, desayunando en un silencio tenso que se rompió en cuanto Lucía entró en la estancia.

- Buenos días -dijo Lucía, intentando mantener la cortesía que había florecido en el bosque.

- Buenos días, Lucía -respondió el abuelo Augusto desde la cabecera, con una vitalidad que contrastaba con la rigidez de su nieto-.

¿Descansaste?

- Sí, abuelo. Gracias.

- Pues qué suerte -masculló Elisa, sin levantar la vista de su tablet-. Mis hijos no han dejado de preguntar por "la tía Lucía" desde que llegamos.

Parece que les has lavado el cerebro con esas ideas del aire libre, naturaleza y animales. Y ¿qué es eso del cine?

- Ya estoy acostumbrada a los hombres que creen que no pertenezco a los sitios, Alexander - respondió ella con una sonrisa valiente-.

Fernando lo intentó durante diez años. Tu padre tiene mucho camino por recorrer si quiere superarlo Al llegar al edificio de Vegacorp, todo se miraba igual; pero había algo diferente. Los empleados murmuraban al verlos llegar juntos, no como un jefe y su empleada, sino como una pareja que caminaba al mismo ritmo. Sin embargo, en la oficina de la presidencia, el conflicto ya los esperaba con un nombre propio: Victoria Navarro.

Victoria estaba sentada en la recepción del piso de mando, hablando animadamente con la secretaria de Alexander. Al verlos entrar, se puso de pie con una sonrisa que no llegó a sus ojos.

- ¡Alexander! ¡Lucía! -exclamó con una falsa alegría-. Qué alegría verlos de vuelta. No pude resistir la tentación de pasar a ver cómo estaban después del... accidentado final del campamento. Mi tobillo ya está mucho mejor, por si a alguien le interesa.

Alexander ni siquiera giró la cabeza. Sus ojos estaban fijos en el final del pasillo, y su paso no disminuyó la velocidad. Sin darle el gusto de una mirada, tomó suavemente a Lucía del antebrazo para guiarla.

- Avancemos, Lucía. No quiero que lleguemos tarde a la reunión por distracciones innecesarias - dijo Alexander con una voz gélida que cortó el aire, ignorando la presencia de Victoria como si fuera parte del mobiliario.

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