Capítulo 127
CAPÍTULO 73
El despertar en la mansión De la Vega fue como una bofetada de realidad helada.
Alexander ya no estaba a su lado. El lado de la cama estaba frío, una señal de que el Sr. De la Vega había regresado a su rutina de madrugadas y gimnasio antes de que el sol terminara de salir. Lucía suspiró, se levantó y se dirigió al vestidor. Guardó las botas de montaña manchadas de barro en un rincón, casi con nostalgia, y seleccionó un traje de chaqueta azul marino, sobrio y profesional. Hoy no era la "tía Lucía" del campamento; hoy era la Presidenta de VegaCorp, y sabía que el comité de bienvenida no traería macarrones con queso.
Al bajar al comedor, el ambiente estaba cargado.
Rodrigo y Elisa ya estaban sentados, desayunando en un silencio tenso que se rompió en cuanto Lucía entró en la estancia.
- Buenos días -dijo Lucía, intentando mantener la cortesía que había florecido en el bosque.
- Buenos días, Lucía -respondió el abuelo Augusto desde la cabecera, con una vitalidad que contrastaba con la rigidez de su nieto-.
¿Descansaste?
- Sí, abuelo. Gracias.
- Pues qué suerte -masculló Elisa, sin levantar la vista de su tablet-. Mis hijos no han dejado de preguntar por "la tía Lucía" desde que llegamos.
Parece que les has lavado el cerebro con esas ideas del aire libre, naturaleza y animales. Y ¿qué es eso del cine?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.