Capítulo 128
Victoria se tensó, y su sonrisa se transformó en una mueca de incredulidad al verse tratada como una invisible. Se puso de pie de un salto para mirar a la secretaria de Alexander, tratando de recuperar el control de la escena.
- ¡Pero miren quiénes volvieron del exilio tan malhumorados! -exclamó con sarcasmo hacia la empleada, aunque proyectando la voz para que ellos la oyeran-. Alexander, querido, te ves...
bronceado. Y Lucía, ese traje es muy... funcional.
Ideal para un lunes de oficina, supongo.
Alexander se detuvo en seco justo antes de llegar a la puerta de la sala de juntas, pero solo para encarar la situación técnica, no para seguirle el juego social.
-Victoria, no es un buen momento para charlas sociales -respondió él, girándose apenas lo justo -. Tenemos una mañana complicada y los auditores no esperan.
Victoria soltó una risita cristalina que resonó en el pasillo.
- Oh, lo sé, Alexander. Sé perfectamente lo complicada que va a ser. Por eso estoy aquí.
Alexander se detuvo en seco, frunciendo el ceño.
- ¿De qué estás hablando?
- Parece que los días en el bosque te han dejado un poco desconectado de la realidad administrativa de tu propia empresa -dijo ella, alisándose la falda con parsimonia-. Mi padre ya está en la sala de juntas. Roberto y Rodrigo decidieron que, dada la nueva dinámica de la presidencia, lo más sano era una auditoría externa de confianza. Y no hay nadie en quien tu familia confíe más que en la firma Navarro.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.