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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 13

Capítulo 13

Lucía sintió un escalofrío extraño. No era miedo.

Era algo parecido a la seguridad.

- No sé si debería decirte gracias -murmuró ella, confundida por la dualidad de este hombre que podía ser un tirano con el anillo y un caballero protector al siguiente minuto.

- No hace falta que digas nada. Es lo que los esposos hacen. Ven.

Subieron las escalinatas. La puerta doble de roble macizo se abrió antes de que pudieran tocar.

En el vestíbulo, que tenía un techo abovedado y una lámpara de araña de cristal que costaba más que la vida de Lucía, los esperaba una mujer mayor. Llevaba un uniforme negro impecable con delantal blanco, el cabello gris recogido en un moño estricto, pero su rostro tenía arrugas de sonreír mucho.

- Bienvenido a casa, Señor Alexander -dijo la mujer, con una calidez que rompió la frialdad del mármol.

- Fanny -saludó Alexander, y su rostro se iluminó con una sonrisa genuina que Lucía no había visto antes-. Lucía, te presento a la señora Fanny. Es la empleada más antigua de la mansión, el ama de llaves y, básicamente, la mujer que me crió cuando mis padres estaban demasiado ocupados viajando.

Alexander miró a la mujer con un afecto palpable.

- Ella es muy especial para mí, Lucía. Cualquier cosa que necesites, se lo pides a ella. Confio en Fanny más que en nadie en esta casa.

Lucía dio un paso adelante. En lugar de extender la mano con distancia aristocrática, hizo lo que le dictó su instinto.

- Buenas tardes, señora Fanny -dijo, y le dio un abrazo breve pero cálido.

La señora Fanny se quedó rígida por un instante, tomada por sorpresa. Las "señoras" de esa casa nunca abrazaban al servicio. Pero luego, la anciana se relajó y sonrió, mirando a Lucía con ojos brillantes.

- Vaya... -murmuró Fanny, ajustándose el delantal-. Es un placer tenerla aquí, señora. El señor Alexander no me había dicho que usted era tan... cálida.

- Como dijo el señor Alex -continuó Fanny, recuperando su protocolo pero con voz amable-, no importa la hora, cualquier cosa estoy para servirle. Solo hay un pequeño detalle...

Fanny miró a Alexander con un gesto de disculpa.

- Esta será su nueva habitación -anunció Fanny, abriendo una puerta doble al final del corredor.

Era hermosa, por supuesto, lujosa y amplia, pero Lucía notó que estaba en una zona más apartada de la casa.

Justo cuando iban a entrar, la puerta de la habitación contigua se abrió.

Rodrigo De la Vega salió, ajustándose los gemelos de su camisa. Llevaba una sonrisa de suficiencia plasmada en el rostro.

- Buenas tardes, queridos primos -saludó, con una voz untuosa-. Veo que ya llegaron. Qué bueno que los pusieran aquí, al lado de nosotros.

Espero que no hagan mucho ruido por las noches.

Las paredes son un poco delgadas.

Alexander dio un paso hacia él, pero Lucía le puso una mano en el pecho, deteniéndolo. Rodrigo miró la mano de ella, luego el diamante, y finalmente sus ojos.

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