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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 14

Capítulo 14

CAPÍTULO 10

- Vamos a acomodarnos en la habitación -dijo Lucía, ignorando deliberadamente la provocación de Rodrigo. Se giró hacia el primo de su esposo y le ofreció una sonrisa gélida, puramente protocolar-. Que pases una feliz tarde, Rodrigo.

Sin esperar respuesta, empujó suavemente a Alexander hacia el interior de la suite y cerró la puerta doble en las narices del intruso. El clic del cerrojo fue el sonido más satisfactorio que había escuchado en todo el día.

La señora Fanny, que había observado la interacción con aprobación silenciosa, hizo una pequeña reverencia.

- Los dejaré para que se instalen. Si necesitan algo, estaré en la cocina supervisando la cena.

Con permiso. -Y se retiró, dejándolos solos en su nueva realidad.

Lucía soltó el aire que había estado conteniendo y se giró para inspeccionar el lugar.

La habitación era inmensa. Absurdamente grande.

Tenía techos altos con molduras de yeso, cortinas de terciopelo azul noche que caían hasta el suelo y alfombras persas que amortiguaban cada paso. A la derecha, había una pequeña sala de estar privada con sofás de cuero y una chimenea de mármol. A la izquierda, un vestidor que parecía una boutique. Y en el centro había una cama.

Solo una.

Una cama king size con dosel, cubierta de sábanas de seda gris y montones de almohadas, pero indivisible.

Lucía sintió que la sangre se le subía a las mejillas.

Miró a Alexander, que ya se había quitado la chaqueta y estaba aflojándose la corbata con gestos cansados.

- ¿Dónde dormirás tú? -preguntó ella, cruzándose de brazos.

Alexander se detuvo y la miró, arqueando una ceja con esa expresión de incredulidad que empezaba a sacarla de quicio.

- ¿Cómo que dónde voy a dormir? En la cama, Lucía. Es mi habitación.

- No necesito más ropa, Alexander. Tengo lo necesario. Mis trajes para trabajar y ropa cómoda para estar en casa. No soy una muñeca Barbie a la que tienes que vestir.

- No se trata -  de vanidad, se trata de contexto replicó él, impaciente-. Vas a convivir con la alta sociedad, te guste o no. Rodrigo y su esposa analizan cada costura. Si quieres sobrevivir en esta casa sin ser el hazmerreír, necesitas armadura. Y en este mundo, la ropa es la armadura.

- Mi armadura es mi inteligencia, gracias.

- Si no quieres ir a comprar -continuó él, ignorando su protesta-, pásale tus medidas a la señora Fanny. Ella se encargará de traer a un sastre o de pedir colecciones para que elijas aquí mismo. Ella y Damián son mis personas de máxima confianza. Sabrán qué es lo adecuado sin hacerte sentir incómoda.

Lucía bufó, abriendo su maleta sobre una banqueta.

- Está bien. Si eso hace que dejes de mirarme como si fuera una indigente, lo haré. Pero no creo necesitar ropa nueva.

- Para los eventos en los que debemos participar, estoy seguro de que no tienes la ropa adecuada.

Créeme, Lucía. No es un capricho. -Alexander tomó su maletín de cuero y se dirigió hacia la puerta-. Como digas. Ocupo revisar unos documentos urgentes en el despacho. Conoce la casa, duerme, haz lo que quieras. Cualquier instrucción me comunicaré por teléfono.

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