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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 130

Capítulo 130

CAPÍTULO 75

Tras la discusión en la sala de juntas Alexander y Lucía no se habían vuelto a hablar directamente.

Alexander, con la mandíbula apretada y la mirada fija en los informes, guió al señor Navarro y al contador Estrada por los departamentos clave, cumpliendo con la transparencia prometida.

Lucía lo acompañó físicamente, pero su mente era un caos de alarmas. En cuanto el reloj marcó la hora en que los auditores cerraron sus carpetas por ese día, ella no esperó a las despedidas protocolares ni a las miradas de reproche de su marido. Sin mediar palabra, salió del edificio con una urgencia que rayaba en la desesperación, dejando que Alexander se hiciera cargo de los compromisos sociales y administrativos que aún quedaban pendientes.

A las once de la noche, incapaz de seguir fingiendo que no le importaba, Alexander tomó su teléfono. El timbre sonó varias veces hasta que finalmente escuchó el clic de la conexión.

- ¿Lucía? -preguntó él, su voz sonando más ansiosa de lo que pretendía-. ¿Está todo bien? ¿Por qué no has vuelto a casa?

Al otro lado de la línea, se escuchaba un murmullo de voces bajas, el sonido metálico de instrumental médico. Lucía tardó unos segundos en responder; su voz sonaba agotada, quebrada por un cansancio que iba más allá de lo físico.

- La verdad es que no, Alexander. Aún no hemos resuelto el problema en su totalidad. Seguimos aquí.

Alexander se sentó en el borde de la cama, frotándose la sien. El impulso de reclamarle por su ausencia en la mansión luchó contra la preocupación genuina que sentía al escucharla así.

- - ¿Ocupas ayuda? -preguntó él, suavizando el tono-. Puedo enviar a Damián con suministros o llamar a especialistas en gas para que revisen la instalación de inmediato.

- La ocupaba, Alexander -respondió ella, y hubo una nota de amargura en su tono que lo hirió-.

Cuando te pedí irme de la oficina, la ocupaba. Ahora ya está casi todo resuelto. El equipo de emergencia ya pasó y hemos estabilizado la situación técnica.

Alexander cerró los ojos, sintiendo el aguijonazo de la culpa, aunque su lógica de negocios intentara justificarlo.

- Entiendo. ¿Vas a venir a dormir?

- No. Me quedaré aquí esta noche. No puedo dejar solos a los animales que sobrevivieron al traslado.

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