Capítulo 136
CAPÍTULO 80
Alexander estaba sentado en la mesa del comedor esperando que le sirvieran el desayuno. Se había acostumbrado, a la fuerza, a que Lucía no estuviera presente en la mansión tanto como él quisiera.
Entre las funciones de la presidencia, que ella manejaba con una intuición sorprendente, la clínica veterinaria que se negaba a abandonar, y sus visitas constantes al orfanato, Lucía era un torbellino en movimiento.
Alexander dio un sorbo a su café, sintiendo un sabor amargo que no provenía del grano tostado.
No lo admitiría en voz alta pero la extrañaba.
- Es ridículo -murmuró para sí mismo, doblando el periódico con brusquedad.
Miró su reloj: eran las nueve de la mañana. Recordó vagamente que habían hablado de hacer algo ese fin de semana. Algo con los niños. Benicio y Thiago habían estado insistiendo en ver la nueva película de superhéroes, y Mateo... bueno, Mateo seguramente se uniría si Lucía estaba involucrada.
La idea de pasar la tarde en un cine oscuro, rodeado de palomitas y niños gritando, no era su definición de diversión, pero la idea de sentarse junto a Lucía en la oscuridad, quizás rozando su mano accidentalmente, le resultaba extrañamente atractiva.
Tomó su teléfono, decidido a llamarla y coordinar la logística.
Pero antes de que su dedo pudiera tocar el nombre de "Lucía" en su lista de favoritos, la pantalla se iluminó con una llamada entrante.
El identificador mostraba un nombre que hizo que el cerebro de Alexander cambiara instantáneamente de modo doméstico a modo tiburón: Hiroshi Tanaka.
Alexander contestó al primer tono, su voz adoptando esa suavidad depredadora de los negocios.
- Señor Tanaka. Qué sorpresa recibir su llamada un sábado.
- Señor De la Vega -respondió la voz al otro lado, en un inglés perfecto-. Disculpe la intromisión. He aterrizado en la ciudad hace unas horas por una escala técnica imprevista. Estaré aquí hasta mañana.
- Es una excelente noticia.
- Estaba pensando... el día está precioso. ¿Qué le parecería jugar unos hoyos en el Country Club? - propuso Tanaka-. Tengo a mi equipo conmigo.
Podríamos aprovechar el paseo para discutir esos detalles de la fusión que quedaron pendientes. Me gustaría cerrar el trato hoy mismo, si las condiciones son las adecuadas.
El corazón de Alexander se aceleró. Cerrar el trato con Tanaka hoy. Eso sería una victoria monumental. Sería el broche de oro para el trimestre. La adrenalina de la conquista corporativa inundó sus venas, borrando cualquier otro pensamiento de su mente.
- Por supuesto, señor Tanaka -respondió Alexander sin dudarlo un segundo-. Será un honor. Estaré en el club en cuarenta minutos.

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