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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 137

Capítulo 137

- No es la etiqueta, señor De la Vega - interrumpió uno de los ejecutivos de Tanaka, un hombre joven y directo-. Es que esperábamos contar con la presencia de la señora Lucía.

Alexander sintió un golpe en el ego.

-¿Para jugar golf? -preguntó, intentando mantener la sonrisa-. No sabía que mi esposa tuviera fama de golfista. Créanme, yo soy mejor contrincante.

- No para jugar -aclaró Tanaka, con seriedad-.

Para hablar. La visión que la señora Lucía presentó en la última entrevista sobre la humanización de la logística y la sostenibilidad ética es la razón principal por la que mi compañía se interesó nuevamente en VegaCorp.

Alexander se quedó helado.

- Lucía es presidente de VegaCorp hace muy poco tiempo, de hecho -dijo Alexander, intentando recuperar el terreno, sintiendo la necesidad de marcar su propia antigüedad y experiencia-. Yo he manejado la estrategia durante la última década.

Cualquier duda técnica que tengan, yo soy la persona indicada.

-- Sin duda, Alexander -concedió Tanaka-. Usted maneja los números. Pero su esposa maneja el futuro. Su enfoque es...fresco. Diferente. Queríamos discutir con ella la implementación de los programas sociales en la cadena de suministro.

- Podremos organizar otro encuentro en las oficinas de VegaCorp con ella para los próximos días -ofreció Alexander, sintiendo un sabor amargo en la boca. Estaba siendo relegado a un segundo plano en su propio terreno-. Ella estará encantada de recibirlos el lunes. Pero hoy, Tanakasan, estamos aquí. Juguemos nosotros esta partida de golf. No dejemos que un día tan bonito se desperdicie.

Tanaka dudó un momento. Miró a sus socios, quienes se encogieron de hombros.

- Está bien -dijo finalmente el japonés, aunque el entusiasmo inicial se había evaporado-.

Juguemos. Pero debo advertirle que no cerraremos ningún contrato definitivo hoy.

Alexander, incrédulo y ofendido, preguntó directamente, incapaz de contenerse:

- ¿No quieren hablar de negocios sin la presencia de mi esposa? ¿Es eso lo que me está diciendo?

Tanaka lo miró a los ojos con una calma zen que resultaba devastadora.

- Lo cierto es que no, señor De la Vega. Quiero escuchar la visión de ella antes de firmar. Usted es un excelente gestor, Alexander, nadie lo duda. Pero el alma de la nueva VegaCorp...parece ser ella.

La frase golpeó a Alexander más fuerte que cualquier pelota de golf.

<<El alma de la empresa».

Durante diez años, él había sido el cerebro, el músculo y la cara. Y ahora, en cuestión de semanas, Lucía se había convertido en el alma. Y el mercado, ese monstruo que él creía dominar, la prefería a ella.

La partida de golf fue un desastre.

Alexander jugó mecánicamente. Sus golpes eran fuertes, precisos, pero carentes de alegría. Su mente estaba en otro lado, debatiéndose entre el orgullo herido y una extraña mezcla de admiración y resentimiento.

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