Capítulo 142
Benicio y Thiago aplaudían. Lucía cruzó los brazos, indignada.
- Presumido.
- No es presunción, es física -le guiñó un ojo él.
Luego fueron a los simuladores de carreras de motos.
Alexander y los niños se subieron a las réplicas de plástico. Lucía se subió a la suya, decidida a recuperar su honor.
- Preparados... listos... ¡YA!
En la pantalla, la moto de Alexander salió disparada, tomando las curvas con precisión milimétrica. Las de los niños lo seguían de cerca.
La de Lucía, sin embargo, se estrelló contra la primera valla publicitaria a los tres segundos.
- ¡Reversa! ¡Dale reversa! -gritaba Benicio, riéndose.
Lucía intentó girar, pero su moto virtual empezó a dar vueltas en círculos y terminó cayendo por un precipicio digital.
- Juego terminado -anunció la máquina con una voz robótica burlona.
Alexander se bajó de su simulador y se acercó a la máquina de Lucía, donde ella seguía mirando la pantalla de "Garme Over" con frustración.
- Cuarta posición -leyó Alexander en voz alta, aguantando la risa-. De cuatro corredores.
Impresionante consistencia, Lucía.
- Es que los controles están pegajosos -se excusó ella, bajándose de la moto-. Y la sensibilidad está mal calibrada.
- Claro, claro. Es la máquina. -Alexander no daba más con su genio. No hacía más que molestarla-.
Admitelo, eres un peligro al volante. Ahora entiendo por qué no tienes licencia de conducir. Es un servicio a la comunidad.
Lucía le dio un golpe en el brazo, pero no pudo evitar reírse.
- Eres insoportable cuando ganas.
- Soy insoportable siempre, pero cuando gano soy encantador -corrigió él, pasándole un brazo por los hombros-. Ven, te compraré un algodón de azúcar de consuelo por tu derrota humillante.
El regreso a la mansión fue tranquilo. Los niños se quedaron dormidos en el asiento trasero, agotados por el azúcar y la emoción.
Alexander conducía despacio para no despertarlos.
- Benicio y Thiago son tus sobrinos de sangre.
Viven contigo. Están acostumbrados a tus ausencias y están desesperados por tu atención, por eso te perdonaron con una hamburguesa y tres fichas de videojuego. -Lucía dio un paso atrás, marcando distancia-. Pero Mateo y Sofía no son así. Ellos ya han sido decepcionados por muchos adultos.
Tienen una coraza.
- Mis niños no lo harán tan rápido, Alexander. No te van a perdonar por comprarles un helado o ganarles al baloncesto.
Alexander sintió que la euforia del día se desinflaba.
- ¿Entonces qué hago?
- Tendrás que esforzarte más -sentenció ella-.
Deberás ser más creativo. Y más sincero. El dinero no funciona con ellos. Tendrás que ganarles el corazón, no los bolsillos.
Lucía se dio la vuelta y empezó a subir las escaleras hacia el ala oeste.
- Buenas noches, Alexander.
- Buenas noches -murmuró él, quedándose solo en el vestíbulo.

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