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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 143

Capítulo 143

CAPÍTULO 83

- Señor Tanaka -comenzó Lucía, dejando la carpeta del proyecto sobre el escritorio-, quiero empezar agradeciéndole. Sé que su agenda es milimétrica. El hecho de que haya decidido quedarse en la ciudad un día más, perdiendo seguramente otras reuniones en Tokio, es un gesto que valoro profundamente.

Tanaka dejó la taza con suavidad sobre el platillo.

- El tiempo es relativo cuando la oportunidad es única, señora De la Vega. -Sonrió levemente-.

Decidí retrasar mi viaje porque, después de lo que sucedió en el campo de golf, mi intuición me dijo que no podía irme sin hablar con usted. Alexander es un hombre de números, muy eficiente, pero los números por sí solos no constituyen legados duraderos.

Lucía asintió, apreciando la franqueza.

- Leí su propuesta de automatización para nuestra flota logística. Es impresionante. La eficiencia energética que proponen reduciría nuestra huella de carbono en un 40%. Eso es... vital.

- Me alegra que se enfoque en eso. La mayoría de sus competidores solo miran el ahorro en costos de personal.

- El personal es intocable -dijo Lucía con firmeza -. Si firmamos esto, señor Tanaka, necesito una garantía de que la tecnología será una herramienta para mis empleados, no su reemplazo. Quiero programas de capacitación técnica para que los estibadores aprendan a manejar los robots, no que los robots los echen a la calle.

Tanaka se inclinó hacia adelante, complacido.

- Esa es exactamente la visión que buscábamos.

Tecnología al servicio de la humanidad. Es el principio fundacional de mi compañía.

Siguieron conversando durante una hora. Lucía no fingió saber de algoritmos ni de microprocesadores.

Hizo preguntas directas sobre el impacto social, la sostenibilidad y la ética del proyecto. Tanaka, acostumbrado a lidiar con ejecutivos que solo querían saber el margen de beneficio, se mostró encantado de explicar la filosofía detrás de sus máquinas.

Hacia el final de la reunión, Lucía cerró la carpeta.

- Creo que estamos en sintonía, señor Tanaka.

- Lo estamos. Es un honor hacer negocios con alguien que tiene tan claros sus valores. Usted es una empresaria nata, señora Lucía.

Lucía soltó una risa suave y negó con la cabeza.

- Gracias por el cumplido, pero debo ser honesta con usted. No soy una empresaria nata. Soy veterinaria. Mi instinto es proteger, no lucrar.

Se levantó y caminó hacia el ventanal, mirando la ciudad.

- El verdadero empresario aquí, el cerebro que ha construido la estructura que permite que tengamos esta conversación, es Alexander De la Vega. Él mantuvo este barco a flote durante diez años difíciles. Yo solo estoy... ajustando el rumbo hacia aguas más cálidas. Pero sin su motor, este barco no se movería.

En ese momento, se escucharon dos golpes discretos en la puerta.

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