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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 144

CAPÍTULO 84

Mientras en el piso de presidencia se celebraban victorias, en el subsuelo de la moral corporativa, Roberto De la Vega buscaba desesperadamente una pala para cavar la tumba de su sobrina política.

— Y bien, Estrada —dijo Roberto, tamborileando los dedos sobre la mesa—. No tengo todo el día. Dime que encontraste algo. Dime que está lavando dinero, que tiene deudas de juego, que le paga a un amante... ¡Algo!

Estrada abrió su maletín y sacó una carpeta fina. Demasiado fina para el gusto de Roberto.

— Señor De la Vega, he revisado todo. Cuentas bancarias personales, movimientos de la clínica veterinaria, tarjetas de crédito, historial crediticio de los últimos diez años.

— ¿Y? —Roberto se inclinó hacia adelante, ansioso.

— Y no hay nada, señor.

Roberto golpeó la mesa con el puño.

— ¡Imposible! Nadie está tan limpio. Esa mujer apareció de la nada. Tiene que haber suciedad bajo la alfombra.

— Se lo aseguro, señor. Está impecable. —Estrada abrió la carpeta y señaló unos gráficos—. El dinero que la señora Lucía tiene en su cuenta personal proviene exclusivamente de transferencias automáticas desde la cuenta personal del señor Alexander De la Vega. Son las mensualidades estipuladas en su acuerdo matrimonial.

— ¡Exacto! —gritó Roberto—. ¡Vive de él! ¡Es una mantenida!

— No exactamente, señor —corrigió el contador con paciencia—. Las transferencias entran, pero no salen. La señora Lucía apenas ha tocado ese capital en una década. El dinero está acumulado, generando intereses. Ella vive de lo que genera su clínica.

— ¿La clínica? —Roberto bufó—. Ese negocio de perros no puede dar tanto.

— Le va bien —dijo Estrada—. Sorprendentemente bien. Tiene una cartera de clientes fieles y paga sus impuestos al día. Pero aquí está lo más frustrante para sus intereses, señor Roberto: la señora Lucía dona casi el 60% de las ganancias netas de la clínica.

Roberto parpadeó, incrédulo.

— ¿Dona? ¿A quién?

— Al Hogar de Niños Santa María. Y a varios refugios de animales. —Estrada le pasó las copias de los recibos—. Compra comida, paga reparaciones, financia tratamientos médicos para mascotas de gente sin recursos. Fiscalmente es una santa, señor. Si intentamos atacarla por el lado financiero, la opinión pública la convertirá en mártir.

Roberto se dejó caer en el respaldo de su silla, sintiendo una frustración volcánica. Había esperado encontrar un desfalco, un gasto excesivo, algo que demostrara que Lucía solo quería la fortuna De la Vega. Pero resultaba que la mujer era más generosa que toda la familia junta.

— Tiene que haber otra cosa —masculló Roberto—. El matrimonio. Es falso. Sabemos que es falso.

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