Capítulo 162
CAPÍTULO 97
Se habían separado temprano, Lucía tenía un compromiso ineludible en su clínica y le había prometido llegar a la oficina en cuanto terminara.
Alexander condujo hacia la Torre Vega solo, pero la soledad del habitáculo de su coche ya no se sentía vacía. El recuerdo de la noche anterior aún flotaba en su memoria, sacándole una sonrisa que resultaba imposible de ocultar.
- Buenos días -saludó al guardia de seguridad, dejándolo mudo de asombro.
Sin embargo, su buen humor duró muy poco.
Al llegar al área ejecutiva, el sonido de una voz insistente y desagradable rompió su burbuja de paz.
Provenía del escritorio de su secretaria.
Alexander se detuvo antes de doblar la esquina, agudizando el oído.
- No me digas que no tienes acceso -siseaba la voz de Rodrigo De la Vega-. Eres su secretaria.
Manejas su agenda, sus correos, sus llamadas.
Necesito saber con quién se reúne esta semana.
- Señor Rodrigo, ya le dije que la agenda de la señora Lucía es privada -respondía con tono profesional pero tenso-. Si necesita una cita, puedo...
- ¡No quiero una cita! -interrumpió Rodrigo, golpeando el escritorio-. Quiero que la vigiles.
Quiero saber todo. Quiero saber si se ve con abogados externos. Si me pasas esa información, serás recompensada.
La sangre de Alexander hirvió al instante. Su sonrisa se evaporó, reemplazada por la frialdad letal que lo caracterizaba en los negocios.
Salió de su escondite y caminó hacia el escritorio con pasos silencios y amenazantes.
- Otra vez molestando a mi asistente, Rodrigo - dijo Alexander, con una voz que resonó en todo el pasillo abierto.
Rodrigo dio un salto y se giró, pálido. Magda soltó un suspiro de alivio visible.

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