Capítulo 161
CAPÍTULO 96
Alexander no se había movido del coche.
A pesar de que su teléfono vibraba incesantemente en el bolsillo interior de su saco con notificaciones de correos urgentes. Se había quedado allí.
Había pasado un poco más de una hora. Cuando la puerta de metal se abrió con un chirrido.
Alexander se enderezó al instante, despegándose del coche.
Lucía salió.
No caminaba; flotaba.
Su expresión, que al entrar había sido una máscara de tensión y miedo, ahora estaba completamente iluminada. Parecía que se había quitado un peso de cien toneladas de encima.
Lucía bajó los escalones buscando con la mirada el coche de Martínez, asumiendo que su esposo ya estaría lejos.
Cuando sus ojos se encontraron con los de Alexander, se detuvo en seco en medio de la acera.
La sorpresa le abrió la boca ligeramente.
- Sigues aquí -dijo ella al llegar junto a él, casi sin aliento.
Alexander la miró, intentando parecer casual, aunque su corazón latía con fuerza al verla tan feliz.
- Te dije que te apoyaría.
- Pensé que era una forma de hablar. -Lucía miró el reloj-.Alexander, ya es tarde. ¿Cancelaste todas las actividades de la tarde en VegaCorp?
- Sí -respondió Alexander con sencillez, abriéndole la puerta del coche-. Cualquier cosa puede esperar. La empresa no se va a hundir porque el CEO se tome la tarde libre. Además... tenía que saber.
Lucía sonrió, una sonrisa que le llegó al alma.
Subieron al coche. Alexander se giró hacia ella en el asiento.
- No hace falta que te pregunte cómo te fue -dijo él, rozando la mano de ella que descansaba sobre el asiento-. Se te nota en la cara que te fue bien.
Estás radiante.
- Sí -respondió Lucía, y soltó una risa nerviosa, de pura incredulidad-. Todo ha salido muy bien, Alexander. Mejor de lo que soñaba. La asistente social... la señora Miranda... aprobó el régimen de vinculación.
- ¿Eso qué significa?
- Significa que a partir de este fin de semana, Mateo y Sofía se quedarán conmigo. -A Lucía le brillaron los ojos de lágrimas-. Van a dormir en casa. Viernes, sábado y domingo. Y si todo funciona bien durante un mes, pasaremos a la convivencia permanente pre-adoptiva. Alexander... voy a traerlos a casa. De verdad.
Alexander sintió una mezcla de emociones. Alegría por ella, sí, genuina y profunda. Pero también el vértigo de la realidad. Ya no era una idea abstracta; era un hecho. Dos niños iban a invadir su vida en cuestión de días.
Sin embargo, al ver la felicidad de Lucía, el miedo retrocedió.
- Felicidades -dijo él, sincero-. Lo lograste.
Entonces, la cuestión logística cayó sobre ellos como un balde de realidad.
-¿Y dónde nos quedaremos? -preguntó Alexander, usando el plural deliberadamente-. ¿A dónde los vas a llevar este fin de semana?
Lucía dudó un momento.
- Pensaba que en mi casa -respondió ella- Es su terreno conocido. Ya estuvieron ahí, se sienten seguros. La mansión... la mansión es territorio hostil, Alexander. Con Elisa vigilando y Rodrigo buscando problemas, no quiero exponerlos a eso todavía.

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