Entrar Via

Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 415

CAPÍTULO 4

Matilde estaba sentada frente a su tocador, cepillando su cabello con movimientos mecánicos, cuando la puerta se abrió sin previo aviso. Leticia Valente entró con el porte de una reina que inspecciona sus dominios.

— Matilde, ¿qué piensas hacer con tu vida? —soltó Leticia, sin preámbulos, mientras se cruzaba de brazos cerca de la cama.

Matilde dejó el cepillo sobre el tocador y suspiró, observando el reflejo de su madre en el espejo. Leticia vestía un vestido de lino sencillo, pero sus dedos jugueteaban nerviosamente con el collar de perlas que llevaba al cuello.

— ¿A qué te refieres, mamá? —respondió Matilde con una calma que sabía que irritaría a su progenitora— Estoy haciendo exactamente lo que acordamos. Estudiar, asistir a mis clases en la universidad y mantener las apariencias.

— ¡Las apariencias no pagan las deudas de tu padre! —exclamó Leticia, dando un paso hacia ella— ¿Tú crees que ese hombre te va a esperar por siempre, mujer? Han pasado tres años, Matilde. Tres años desde aquel compromiso que debió durar apenas unos meses. Enrique Saldívar es un hombre joven, con necesidades, con una posición que mantener. Los hombres quieren cosas, Matilde. Quieren una mujer en su casa, no una eterna prometida que prefiere estar encerrada en una universidad rodeada de cuadros viejos.

Matilde se giró en su banqueta para encarar a su madre. Su rostro, aunque sereno, mostraba las cicatrices de una resistencia silenciosa que había mantenido durante mil noches.

— No sé de qué estás hablando, mamá. Si Enrique quiere romper el compromiso, que lo haga —dijo con una frialdad que heló la habitación— Acordamos que él respetaría mi decisión de terminar mis estudios de arte antes de fijar una fecha definitiva. Si ha perdido la paciencia, es libre de buscar a otra que esté más ansiosa por llevar su apellido.

Leticia soltó una risa amarga y se acercó a su hija, tomándola por los hombros con una fuerza que pretendía ser un despertar.

— Matilde, abre los ojos de una vez. Tu padre enfrenta muchos problemas financieros. Las navieras están en un hilo, los créditos se están agotando y los acreedores empiezan a llamar a la puerta principal. Enrique no soltará ni un centavo más, no hará el desembolso que salvará el patrimonio de los Valente, hasta que ese compromiso al fin se concrete y tú seas su esposa legal. Estás jugando con el futuro de todos nosotros por un capricho.

— El viernes habrá una cena —continuó Leticia, ajena al conflicto interno de su hija— Enrique quiere presentarnos a este nuevo socio. Tu padre quiere que estés allí, y esta vez no aceptaré una excusa. Te pondrás el vestido de seda esmeralda y serás la mujer encantadora que Enrique necesita mostrar. ¿Ha quedado claro?

Matilde sintió una náusea repentina. La presión se cerraba sobre ella como una mandíbula de hierro.

— Madre, si no tienes nada más que decirme, ¿me puedes dejar sola, por favor? —pidió Matilde, su voz apenas un hilo de voz quebrado.

Leticia la miró con una mezcla de lástima e irritación.

— Estás desperdiciando tu juventud esperando algo que no va a llegar, Matilde. Madura de una vez.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.