Capítulo 200
- Tengo una idea mejor -intervino Lucía rápidamente, antes de que los niños lloraran-.
Hay un parque enorme cerca de aquí. El Parque del Lago. Tiene botes, tiene césped gigante para correr y... ¡venden los mejores helados de la ciudad! Y ahí sí dejan entrar perros.
- ¡Helados! -gritó Mateo-. ¡Voto por el parque!
- Yo también -dijo Thiago-. Podemos jugar a las carreras con el perro.
Alina y Lucía se sentaron en una manta bajo un árbol, viendo cómo Alexander intentaba enseñarles a Benicio y a Sofía a lanzar un frisbee al perro.
- Míralo -dijo Alina, mordiendo una manzana-.
Está sudando. Tiene pasto en los pantalones. Y se ve más guapo que nunca.
-Lo sé -susurró Lucía-. Es... increíble.
Más tarde, mientras comían helados sentados en círculo, surgió el tema pendiente.
El perro estaba acostado en el centro, jadeando feliz, con la lengua fuera.
- Oigan -dijo Alexander, limpiándole una mancha de chocolate a Sofía de la mejilla-. Este amigo todavía no tiene nombre. En la clínica le dicen "Paciente 1" y yo le digo "Perro". Creo que se merece algo mejor.
-¡Hay que ponerle nombre! -exclamó Thiago.
- Yo digo que se llame Rex -propuso Benicio.
- No, Rex es de dinosaurio -corrigió Mateo-.
Tiene que ser un nombre de valiente. Porque le falta una pata y sigue corriendo.
-¿Qué tal Pirata? -sugirió Alina.
- Muy obvio -dijo Lucía.
Sofía acarició la cabeza del animal.
- Tiene ojos de mar. Como el agua.
Alexander miró al perro. Recordó cómo lo había encontrado, roto y solo, y cómo ahora estaba allí, rodeado de una familia que lo quería.
-¿Qué les parece Kai? -propuso Alexander.
Todos lo miraron.
-¿Qué significa? -preguntó Thiago.
- Es un nombre hawaiano -explicó Alexander-Es fuerte, corto y... sobrevivió a la marea.
Los niños repitieron el nombre, probándolo.
-¡Kai! -llamó Mateo.
El perro levantó las orejas y ladró.
-¡Le gusta! -gritó Sofía-. ¡Se llama Kai!
- Kai será -sentenció Lucía, sonriéndole a Alexander con un orgullo que le calentó el alma.
Había elegido el nombre perfecto.
Regresaron a la camioneta, cansados, sucios y felices. Kai se durmió inmediatamente en el regazo de Alina en la tercera fila.
-No, no. Tomaré un taxi o caminaré, estoy cerca.
-Alina les guiñó un ojo-. Ya no quiero seguir siendo un mal tercio en la vida de los casados.
Ustedes tienen cosas que hablar. Y tienen que devolver a los otros dos niños. Disfruten el viaje.
Alina se despidió con un beso volado y se alejó calle abajo, dejándolos solos con la responsabilidad de los sobrinos.
El viaje hacia la mansión fue más tranquilo. Benicio y Thiago se habían quedado dormidos, apoyados el uno en el otro. Kai roncaba suavemente en el maletero.
Alexander tomó la mano de Lucía sobre la consola central y no la soltó en todo el camino.
Cuando se quedaron solos en el vestíbulo, Alexander suspiró.
- Misión cumplida. Sobrevivimos al parque y al bautizo del perro.
- Fue un día perfecto -admitió Lucía-. Gracias, Alexander.
-Señor Alexander. Señora Lucía.
La voz de Fanny los interrumpió. El ama de llaves apareció por el pasillo, con cara de preocupación.
- Fanny, ¿qué pasa? -preguntó Alexander, notando la tensión.
- La señora Matilde les pide que vayan al salón principal.
- ¿Ahora? -Alexander miró su reloj-. Son las nueve. Estamos cansados.
- Insistió, señor. Dijo que era urgente.

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