Capítulo 204
- Vi el terror porque te quieren, viejo tonto-le recriminó ella, aunque su voz se suavizó-. Nos asustaste a todos.
- Bien. Que se asusten. Que sientan el peso de mi ausencia antes de que sea definitiva. -Augusto volvió a tomar su vaso y bebió otro sorbo-. Porque te digo una cosa, Matilde, y te lo digo muy en serio:
ya no quiero saber nada de la empresa.
Matilde lo miró fijamente.
- ¿De qué hablas? Siempre ha sido tu vida.
- Ya no. Estuve diez años dormido, Matilde. Diez años perdidos. Y ahora que desperté, me di cuenta de que pasé los cuarenta años anteriores construyendo un imperio para gente que no sabe apreciarlo. Estoy cansado.1
Augusto miró por la ventanilla polarizada de la ambulancia.
- Quiero disfrutar de los niños, Matilde. De los que están y de los que vendrán. Quiero ver crecer a Benicio y Thiago sin que sus padres los envenenen.
Quiero conocer a esos niños de Lucía, a Mateo y Sofía. Quiero ir al parque. Quiero usar ese maldito telescopio. Necesito que ellos se hagan cargo. Que maduren de una vez por todas. Y la única forma de que maduren es si creen que yo ya no estoy para limpiar sus desastres.
Matilde sintió que las lágrimas volvían a sus ojos, pero esta vez no eran de miedo, sino de comprensión. Vio al hombre cansado detrás de la leyenda.
- Tú me vas a matar a mí, Augusto -susurró ella, negando con la cabeza-. Con tus planes maquiavélicos.
- Tú eres más fuerte que yo, vieja -sonrió él-.
Siempre lo has sido.
La ambulancia redujo la velocidad.
- Estamos llegando, señor -avisó BermúdezEntrada de emergencias.
Matilde se puso en alerta.
- Augusto... ¿y ahora qué? Cuando lleguemos al hospital se darán cuenta de que estás jugando con ellos. Los médicos te revisarán. Verán que tu corazón está bien, que tu presión es normal. Se descubrirá todo en cinco minutos.
Augusto soltó una risita conspirativa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.