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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 205

Capítulo 205

CAPÍTULO 126

Kai, se había echado a los pies de Lucía, suspirando con fuerza, como si él también estuviera aliviado de que los gritos hubieran cesado. Benicio y Thiago, vencidos por el sueño y la emoción, se habían acomodado en un sofá lateral, observando a los adultos con ojos pesados pero atentos.

Augusto se aclaró la garganta, rompiendo el silencio que había seguido a la declaración de intenciones de Alexander. El patriarca miró a su nieto favorito con una mezcla de curiosidad y orgullo.

- Has hablado de cambios, Alexander -dijo el anciano, golpeando suavemente el suelo con su bastón-. Has dicho que renuncias a la carrera por el control. Pero mencionaste algo más. Algo sobre empezar de cero. Quiero saber exactamente qué cambios se van a producir en esta familia según tu visión.

Alexander se mantuvo de pie, con la mano de Lucía todavía entrelazada con la suya.

- El primer cambio es doméstico, abuelo - anunció Alexander con voz firme-. Lucía y yo nos vamos a mudar de esta casa.

Un murmullo recorrió la sala. Elisa levantó la vista, sorprendida. Matilde sonrió levemente, como si ya lo supiera.

- ¿Mudarse? -preguntó Roberto-. ¿A dónde?

- A mi ático en el centro, por ahora. Lo estamos remodelando para que sea adecuado para una familia -respondió Alexander, mirando brevemente a los niños-. Pero eventualmente buscaremos una casa con jardín. El punto es que ya no viviremos bajo este techo.

Alexander miró a su alrededor - Amo esta casa. Es mi historia. Pero también ha sido mi jaula y el escenario de nuestras peores guerras. Es tiempo de que comencemos nuestra familia en nuestra propia casa, con nuestras propias reglas, sin fantasmas y sin... interferencias.

Augusto asintió lentamente, procesando la información.

- Eso me hace feliz, Alexander -comentó el abuelo, y su voz sonó sincera-. Los pájaros deben dejar el nido para fortalecer sus alas. Vivir aquí fue una necesidad durante mi enfermedad, pero un matrimonio joven necesita su espacio. Sabes que esta casa siempre estará abierta para todos, pero entiendo que quieras construir tu propio reino.

El anciano inclinó la cabeza, agudizando la mirada.

- Si devuelves lo que tomaste, si limpias tu nombre y te comprometes a trabajar por el legado y no por tu bolsillo...el puesto es tuyo. Yo me hago a un lado.

La sala quedó en silencio. Roberto miró a su hijo con esperanza. Elisa se enderezó, viendo una luz al final del túnel de su desgracia social.

- ¿Y tú qué harás? -preguntó Ricardo, el padre de Alexander, preocupado por el futuro de su hijo-.

¿Te retiras? ¿Te vas a vivir de las rentas?

- No -sonrió Alexander-. Voy a seguir trabajando en VegaCorp, pero quiero ocupar un cargo nuevo. Un puesto que no existe todavía.

Quiero crear una división de Inversiones de Impacto y Desarrollo Sostenible. Quiero trabajar con la Fundación, con la naviera de Zambrano, con los proyectos de tecnología humanista de Tanaka.

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