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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 203

Capítulo 203

CAPÍTULO 125

(Días antes, inmediatamente después del colapso en la sala de juntas) El sonido de la sirena era ensordecedor, un aullido constante que parecía rasgar el tejido de la realidad.

Dentro del habitáculo trasero de la ambulancia de alta complejidad, el mundo se sacudía violentamente con cada bache, cada giro brusco y cada frenazo en el tráfico de la ciudad.

- ¡Aguanta, Augusto! ¡Por favor, no me dejes! - susurraba ella, con los ojos llenos de lágrimas, ignorando al paramédico que ajustaba el monitor cardíaco.

La ambulancia tomó una curva cerrada, y Matilde tuvo que sostenerse para no caer sobre su marido.

Miró el monitor. Las líneas verdes subían y bajaban, pero no entendía el ritmo. Solo sabía que él tenía los ojos cerrados y la máscara de oxígeno cubriéndole la mitad del rostro.

- Estamos llegando, señora De la Vega -anunció el conductor a través de la ventanilla divisoria-.

Tres minutos.

Entonces, sucedió lo impensable.

El paramédico que estaba junto a Augusto, un hombre de confianza llamado Bermúdez que había trabajado para la familia en privado durante años, dejó de mirar el monitor y se inclinó hacia el paciente. Pero no para hacer RCP.

Se inclinó para quitarle la máscara de oxígeno.

- Señor Augusto -dijo Bermúdez con calma-, ya pasamos el perímetro de la prensa. Los coches de la familia se quedaron atrás.

Matilde soltó un grito ahogado.

- ¿Qué hace? ¡Déjele el oxígeno! ¡Se va a morir!

Pero Augusto De la Vega abrió un ojo. Luego el otro.

Suspiró profundamente, llenando sus pulmones de aire sin la ayuda de la máquina, y con un movimiento que desafiaba su supuesta condición crítica, se incorporó en la camilla hasta quedar sentado.

- Maldita sea, Bermúdez -rezongó el patriarca, 2/6

frotándose el pecho donde la camisa estaba arrugada-. Esas correas aprietan demasiado. Casi me provocas un infarto de verdad.

Matilde se quedó paralizada. Su cerebro no lograba procesar lo que veía. Su esposo, que hacía dos minutos estaba al borde de la muerte, ahora se estaba acomodando el cabello y estirando el cuello.

- ¿Augusto? -susurró ella, con la voz estrangulada.

Augusto se giró hacia el paramédico.

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