Capítulo 18
Alexander tomó el papel. Sus ojos recorrieron las cifras. Mes tras mes, año tras año, la transferencia de VegaCorp entraba, y ahí se quedaba. Solo se descontaban los pagos automáticos de la universidad (que ya habían cesado hace años).
- No lo entiendo -murmuró Alexander-. ¿Y los intereses?
- Se han acumulado. Esa cuenta hoy cuenta con una gran suma de dinero. Se podría decir que la señora Lucía es millonaria por derecho propio.
Tiene una fortuna líquida a su nombre y vive como si ganara el salario mínimo.
Alexander sintió un golpe en el ego. Él había pensado que la estaba "manteniendo", que ella dependía de él. Pero resulta que ella había construido su vida sin tocar su oro.
-¿Y la clínica? -preguntó, buscando una grieta-.
Montar un hospital de ese nivel cuesta una fortuna. Seguro usó el dinero para eso.
- No, señor. -Damián negó con la cabeza-. Para colocar la clínica, obtuvo un préstamo en el Banco Nacional. Puso la casa -la que usted le regaló1/6
Coptulo t como garantía hipotecaria. Ha estado pagando las cuotas puntualmente con las ganancias de su propio trabajo.
- Pidió un préstamo... -Alexander se reclinó, atónito-.¿Por qué pedir un préstamo y pagar intereses al banco cuando me tenía a mí? Le dije el día de la boda que me podía pedir lo que quisiera.
Tenía millones en la cuenta durmiendo el sueño de los justos.
- Orgullo, señor -respondió Damián-. O quizás, una necesidad extrema de no deberle nada a usted más allá del apellido.
Alexander sintió una mezcla de admiración y molestia. Lucía Flores era un enigma.
-¿Y su vida personal? -preguntó, cambiando de tema-. Dime que al menos ahí hay algo sucio.
¿Con quién sale?
- No ha mantenido una relación estable con ningún hombre en la última década. -Damián leyó el informe-. Sus vecinos y empleados confirman que es soltera a efectos prácticos. Su rutina es:
casa, clínica, orfanato.
- No lo creo -bufó Alexander-. Es una mujer joven, atractiva. Tiene necesidades.
- Al parecer no, señor. O lo tiene muy escondido.
El único hombre cercano es un tal Luis, veterinario en su clínica, pero todas las fuentes indican que ella lo mantiene en la "friendzone".
- ¿Será que le gustan las mujeres ahorita? - pensó Alexander en voz alta, con cinismo. Era la única explicación que su mente, acostumbrada a la promiscuidad de su círculo social, podía procesar-. Quizás esa amiga suya, Alina...
- Alina tiene novio, un mecánico, desde hace tres años -descartó Damián-. No hay indicios de homosexualidad en la señora Lucía.
Simplemente... parece estar casada con su trabajo.
- Y con su caridad -añadió Alexander, leyendo el final del informe-. Sigue ayudando al orfanato donde vivió. Y mantiene varios refugios de animales.
Alexander cerró la carpeta con brusquedad.

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