Entrar Via

Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 183

Capítulo 183

CAPÍTULO 114

Lucía, que estaba detrás del mostrador revisando un inventario con Alina, levantó la vista al escuchar la puerta abrirse. Su corazón dio un vuelco al ver el estado de su esposo. Por un segundo, pensó que él estaba herido, que había tenido un accidente, pero entonces vio las patas sucias que asomaban de la tela y escuchó el gemido agudo del animal.

El instinto profesional se apoderó de ella.

Salió de detrás del mostrador corriendo.

- ¡Alexander! -exclamó, acercándose al bulto con manos temblorosas-. ¿Qué pasó? ¿Atropellaste a ese animal?

La acusación quedó flotando en el aire, cargada de decepción. Alexander la miró, jadeando por el esfuerzo y la adrenalina, pero no tuvo tiempo de defenderse. La puerta del consultorio uno se abrió y Luis apareció, atraído por el alboroto.

Luis evaluó la situación en un nanosegundo.

-¡Tráelo aquí! -gritó Luis, señalando hacia la sala de urgencias-. ¡Rápido!

Alexander no dudó. Siguió a Luis hacia la sala estéril, depositando al perro con una delicadeza extrema sobre la mesa de acero inoxidable.

- Cuidado con la pata delantera -advirtió Alexander con voz ronca-. Creo que le duele mucho.

Nadie miró a Alexander. Nadie le dio las gracias.

En ese momento, él era un estorbo. Luis lo empujó suavemente hacia atrás para tener espacio.

- Salga, por favor. Necesitamos espacio para trabajar.

Alexander salió al pasillo de la recepción y se dejó caer en una de las sillas de la sala de espera. Se miró las manos manchadas. Olían a un perro callejero.

Alina se quedó en la recepción, organizando unas fichas, pero sus ojos no se apartaban de él. Lo observaba con una mezcla de curiosidad y cautela. Había visto a Alexander De la Vega en muchas facetas: el magnate arrogante, el esposo ausente, el tío torpe. Pero nunca lo había visto así, manchado y vuinerable.

Como notó que Alexander no se iba, Alina decidió romper el hielo.

- Quédate tranquilo -dijo ella, con un tono que intentaba ser reconfortante pero que mantenía la distancia-. No te vamos a denunciar.

Alexander levantó la cabeza de golpe.

- ¿Qué?

- Denunciar -repitió Alina, encogiéndose de hombros-. Por el atropello. Sabemos que fue un accidente. Que lo hayas traído en lugar de dejarlo tirado en la calle ya es un gran gesto tuyo.

Muchos... mucha gente de tu clase hubiera seguido de largo para no manchar el tapizado del coche.

Alexander frunció el ceño, ofendido por la asunción generalizada de su culpabilidad.

- No he atropelladoa nadie -dijo con firmeza, enderezándose en la silla-. No fui yo.

Necesitaba saber que el perro estaba bien. Y necesitaba ver a Lucía.

Pasados unos cuarenta minutos, la puerta del área restringida se abrió.

Lucía salió.

Se había quitado la bata manchada y se estaba secando las manos con una toalla de papel.

Parecía agotada.

Ella se detuvo al verlo todavía sentado allí.

- Todavía sigues aquí -dijo, no como una pregunta, sino con sorpresa genuina.

Alexander se puso de pie.

- Si. Estoy esperando noticias de mi amigo.

Lucía tiró el papel a la basura y se cruzó de brazos, apoyándose en el marco de la puerta. Lo miró de arriba abajo, notando el desastre de su ropa. Su expresión se suavizó un poco, perdiendo la acusación inicial.

- No lo atropellaste, Alexander -dijo ella. No era una pregunta esta vez; era una confirmación-. LO revisamos. Las heridas que tiene son muy antiguas. La amputación de la pata trasera es vieja y cicatrizó mal, y la infección de la delantera es por un corte con algún metal oxidado, probablemente buscando comida en la basura.

Está desnutrido y deshidratado.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.