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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 184

Capítulo 184

Alexander soltó el aire que contenía.

- Te lo dije. Lo encontré.

Lucía asintió, bajando la guardia. Había juzgado mal. Otra vez.

- Hiciste bien en traerlo. Si pasaba una noche más en la calle, no amanecía. Le limpiamos la herida, le pusimos antibióticos y suero. Va a sobrevivir, aunque la recuperación será lenta. Es un guerrero.

- Me alegra -dijo Alexander, sintiendo un peso menos en el alma.

Lucía suspiró y se frotó el cuello.

- No te preocupes, Alexander. Nosotros nos encargaremos de él. Buscaremos algún refugio que acepte perros discapacitados, o le encontraremos un hogar temporal cuando esté estable. Puedes irte tranquilo. Ya hiciste tu buena acción del año.

Alexander negó con la cabeza inmediatamente.

- No.

Lucía lo miró, confundida.

- ¿No qué?

- No se va a ir a ningún refugio. Y no vas a buscarle un hogar temporal. -Alexander dio un paso hacia ella-. Me lo voy a llevar.

Lucía abrió los ojos desmesuradamente.

-¿A dónde te lo vas a llevar?...

-Él vino a mí-la interrumpió Alexander, con una terquedad infantil-. O yo fui a él. No importa. Nos encontramos. Estaba solo y roto, y yo... bueno, yo lo entiendo. Va a venir conmigo a mi casa.

-¿Te lo vasa quedar? -Lucía soltó una risa de incredulidad-. ¿En dónde? ¿En la mansión? ¿En tu ático de cristal?

- Donde sea que yo viva. Es mi perro ahora.

Pagaré la cuenta de sus atenciones médicas, la internación, lo que sea. Pero cuando salga de aquí, se viene conmigo.

Lucía estaba muy sorprendida. Miraba a Alexander como si fuera un extraño.

- Está bien -dijo ella suavemente-. Si eso es lo que quieres. Pero no será esta noche. Está sedado y necesita monitoreo. Puedes venir a recogerlo mañana a esta misma hora, si el veterinario de guardia le da el alta.

- Vendré -prometió él.

Lucía asintió y dio un paso atrás, hacia la seguridad de su zona de trabajo.

- Bien. Entonces... nos vemos mañana.

Pero la reacción de Lucía no fue la que él esperaba. No hubo gritos de alegría, ni abrazos, ni lágrimas de alivio.

Solo hubo un asentimiento cansado.

- Aún no está aprobada formalmente -corrigió ella con frialdad-. Es una posibilidad de vinculación, sujeta a inspección. Y ya lo sé todo, Alexander.

-¿Lo sabes?

- Me lo comunicó vía mail hace dos horas. La señora Miranda es muy eficiente. Me copió en el informe de la reunión. Sé que fuiste. Sé lo que dijiste.

Alexander se sintió tonto. Había corrido hasta allí con la noticia como si fuera un trofeo de caza, esperando que ella lo recibiera como al héroe, y resulta que solo era una nota al pie en un correo electrónico.

- Ah. Entiendo.

- Gracias por ir-dijo ella, pero sonaba a trámite -. Fue lo correcto. Ayudará al expediente.

- Lucía, yo... lo hago por ti. Por nosotros.

Lucía abrió la puerta del consultorio.

- ¿Algo más, Alexander? -preguntó, marcando el final.

- No -respondió él, bajando la cabeza-. Mañana vengo a buscar a mi nuevo amigo.

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