Capítulo 185
CAPÍTULO 115
Alexander llego puntual a buscar a su nuevo amigo. Bajó del coche, respiró hondo el aire del atardecer y empujó la puerta de la clínica. Recorrió el espacio con la mirada, buscando ansiosamente esos ojos verdes que lo habían desafiado y cautivado. Buscaba la aprobación de Lucía, quería ver su sonrisa al saber que él había cumplido y que venía por el perro.
Pero la recepción estaba dominada por una sola presencia.
Alina estaba detrás del mostrador, tecleando con ritmo frenético. Al verlo entrar, levantó la vista y le dedicó una sonrisa que era mitad bienvenida profesional y mitad barrera de contención.
- Puntual como un reloj suizo, señor De la Vega - saludó ellaAlexander se acercó al mostrador, ignorando la broma. Su mirada se desvió hacia la puerta cerrada del consultorio principal y luego hacia las escaleras que llevaban al apartamento.
- Buenas tardes, Alina. Vengo por el paciente. - Hizo una pausa, esperando que ella captara la indirecta-. ¿Está Lucía?
La sonrisa de Alina se mantuvo, pero sus ojos brillaron con una chispa de picardía.
- Me temo que no. La doctora Flores tuvo que salir de urgencia después del almuerzo.
Alexander sintió una punzada de decepción tan aguda que casi le dolió físicamente. Había planeado este momento. Había ensayado lo que le diría.
-¿Salió? -preguntó, intentando mantener la voz neutral-. ¿A dónde?
- Fue a atender unos caballos en una ciudad cercana, en San Miguel-informó Alina, revisando la agenda en la pantalla-. Un brote de cólico equino en una yeguada importante. No podía delegarlo.
- Entiendo. -Alexander asintió, aunque por dentro hervía. Caballos otra vez. Esos malditos animales siempre se enfermaban cuando él necesitaba ver a su esposa-. Bueno, supongo que Martínez la llevó.
Alina negó con la cabeza mientras buscaba una carpeta.
- No. Lucía se fue con Luis en su coche.
El nombre cayó como una piedra en el estómago de Alexander.
Luis.
El colega. El amigo. El hombre que la miraba con adoración y que compartía con ella esa pasión por salvar animales que Alexander apenas empezaba a comprender.
- Ya veo -dijo Alexander, apretando la mandíbula -. Se fue con Luis. Perfecto.
Alina, notando la tensión y disfrutando un poco de ver al todopoderoso Alexander inseguro, decidió cambiar de tema antes de que él explotara o se fuera.
- Pero no se preocupe. Está Camila, la otra veterinaria que usted mismo contrató. Ella está preparando a su nuevo compañero para el alta.
Mientras tanto, podemos ir adelantando el papeleo.
Alina sacó un formulario de adopción y adopción responsable.
- Nombre del propietario: Alexander De la Vega - dijo ella, escribiendo-. Dirección... pondré la mansión, supongo.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.