Capítulo 186
Ese fue el argumento final.
- Dame dos. Uno azul y uno rojo -dijo Alexander, sacando su tarjeta negra sin mirar el precio-. Y la cama. Y la comida premium. Todo.
Alina sonrió, facturando una venta que cubriría los gastos operativos de la clínica por dos semanas.
- Excelente elección.
En ese momento, la puerta del consultorio se abrió y Camila salió. Traía al perro con una correa nueva, que Alina ya había cobrado.
El animal se veía diferente. Estaba limpio, cepillado, y aunque seguía delgado y cojeaba visiblemente al caminar con sus tres patas, tenía la cabeza en alto. Al ver a Alexander, el perro movió la cola tímidamente y emitió un ladrido suave.
Alexander se agachó y el perro se acercó a lamerle la mano.
- Hola, amigo -susurró Alexander, sintiendo una conexión inmediata.
-Está listo para irse -dijo Camila, entregándole una bolsa con medicamentos-. Le hemos limpiado la herida de la pata delantera y le pusimos un vendaje limpio. La infección ha cedido mucho.
Alexander se puso de pie, acariciando la cabeza del animal.
- Gracias, Camila. Una pregunta... -Alexander miró la pata trasera que faltaba-. Estuve leyendo anoche. ¿Es necesario colocarle una prótesis? O he visto que existen unas ruedas para perros discapacitados. Podría encargarlas si hace falta.
Quiero que camine bien.
Camila sonrió con ternura profesional.
- No es necesario, señor. Verá, él perdió esa pata hace mucho tiempo. Su cuerpo ya se ha adaptado.
Tiene un equilibrio sorprendente y su columna está fuerte. Ponerle una prótesis ahora o unas ruedas solo lo incomodaría y lo frustraría. Él no sabe que es discapacitado; él solo sabe que es un perro. Déjelo ser perro.
Alexander asintió, aceptando la lección. A veces, intentar arreglarlo todo con tecnología y dinero no era la solución. Había que aceptar las cicatrices.
- Entendido.
Camila miró la montaña de cosas que Alina había apilado en el mostrador.
- Veo que va a estar muy mimado.
- Lo intentaré. -Alexander miró hacia la puerta de entrada, esperando contra toda esperanza que Lucía apareciera mágicamente-. ¿Algo más?- preguntó a la joven veterinaria.
- Solo los antibióticos cada doce horas y... bueno, mucho cariño. Eso es lo que más le falta.
- De eso tendrá -prometió él. Luego, incapaz de contenerse, volvió a preguntar-. Y Lucía... ¿tienen idea de cuándo volverá? ¿Dijo si regresaba directo a la clínica o si iba a otro lado?
Camila abrió la boca para responder, quizás para decir algo que sabía, pero Alina la cortó rápidamente desde el mostrador.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.