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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 192

Capítulo 192

CAPÍTULO 119

A las ocho y veintinueve de la mañana, ni un minuto más ni un minuto menos, el motor del SUV negro de Alexander De la Vega se detuvo frente a la puerta de la clínica veterinaria Flores.

Lucía salió de la clínica, ajustándose el saco de su traje sastre gris. Se veía profesional, compuesta, la imagen viva de la Presidenta que había aprendido a ser, aunque por dentro sus nervios estuvieran deshilachados. Subió al asiento del copiloto y cerró la puerta.

- Puntual -dijo ella, abrochándose el cinturón.

- Siempre -respondió Alexander, arrancando el vehículo con suavidad. La miró de reojo; se veía hermosa, pero tensa-. ¿Estás lista?

Lucía soltó un suspiro largo.

- No lo sé. Alexander... ¿estás seguro de que no sabes de qué trata la reunión? ¿Tu abuelo no te adelantó nada? ¿Ni siquiera una pista?

- Estoy en las mismas condiciones que tú, Lucía -aseguró Alexander, manteniendo la vista en el tráfico matutino-. El abuelo ha estado hermético.

Ni siquiera Matilde me contestó los mensajes anoche. Solo sé que convocó a los accionistas mayoritarios externos, lo cual significa que no es una simple charla de domingo. Es corporativo. Y es importante.

Justo cuando Alexander apagaba el motor, un Mercedes Benz se estacionó en la plaza contigua.

De él bajaron Rodrigo y Elisa.

Elisa llevaba unas gafas de sol oscuras que ocultaban sus ojos hinchados pero su actitud seguía siendo altiva. Rodrigo, en cambio, parecía haber envejecido diez años en una semana. Tenía los hombros caídos y una sombra de barba que denotaba su descuido personal.

Se encontraron en el vestíbulo de los ascensores privados. El silencio fue incómodo, Elisa se bajó las gafas de sol y miró a Lucía con desprecio puro.

- Lucía... -dijo, arrastrando las vocales-. ¿Qué haces aquí? Pensé que lo suyo ya había terminado.

Renunciaste a los gritos en la gala, ¿no? Creí que ya estarías escondida en tu veterinaria contando pulgas.

Lucía abrió la boca para responder. Alexander dio un paso al frente, listo para defenderla. Sin embargo, para sorpresa de todos, fue Rodrigo quien intervino.

- ¡Cállate, Elisa! -espetó Rodrigo, con una voz cansada y harta-. No te metas en la relación de ellos dos.

-¿Perdón? -Elisa lo miró indignada-. Solo digo la verdad. No pinta nada aquí.

- Ella es la esposa de mi primo -dijo Rodrigo, mirándola con frialdad-. Y sigue siendo la Presidenta en los papeles hasta que se firme lo contrario. Así que sí, tiene todo que ver. Porque si finalmente ellos siguen legalmente casados, ella es familia. Y tú, Elisa... tú estás aquí solo porque el abuelo lo ordenó, así que te sugiero que mantengas la boca cerrada si no quieres empeorar nuestra situación.

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