Capítulo 195
Bajaron en el ascensor en silencio. Al salir al estacionamiento, el calor de la tarde los golpeó.
Matilde se detuvo en la acera y miró hacia el sector VIP del parking.
- Llámalos -ordenó a Alexander.
No hizo falta. Al ver salir a la matriarca, la puerta de un Mercedes negro se abrió. Roberto, Rodrigo y Elisa bajaron. Caminaron hacia ellos con pasos vacilantes.
Elisa se había retocado el maquillaje, pero se le notaba el miedo en la rigidez de la mandíbula.
Roberto tenía la mirada baja.
Cuando el clan estuvo reunido en un círculo tenso sobre el asfalto, Matilde los miró uno por uno. Su mirada se detuvo en Roberto, luego en Ricardo, y finalmente en sus nietos.
- Augusto está en condiciones críticas -anunció Matilde sin anestesia. Su voz no tembló, aunque sus manos sí-. El médico dice que su corazón está muy débil. El estrés de la reunión... la discusión... fue demasiado. Podría no pasar la noche, o podría vivir diez años más. Nadie lo sabe.
Está sedado.
Roberto soltó un sollozo ahogado.
- Mamá, yo no quería...
- ¡Cállate, Roberto! -lo cortó Matilde con una ferocidad que nadie le conocía-. No quiero escuchar excusas. No quiero escuchar "yo no quería" ni "fue culpa de él". Lo que pasó en esa sala de juntas fue una vergüenza. Un espectáculo lamentable.
Matilde dio un paso hacia sus hijos, Ricardo y Roberto. Los dos hombres, ya cincuentones, bajaron la cabeza como niños regañados.
- Ustedes dos... son hermanos. Salieron del mismo vientre. Crecieron en la misma habitación.
Y hoy, se comportaron como enemigos mortales por un puesto, por dinero, por poder. ¿Creen que a su padre le importa quién se sienta en la silla presidencial si la familia está rota?
La anciana respiró hondo, llevándose una mano al pecho.
- Escúchenme bien. Estoy vieja. Estoy cansada. Y mi marido está luchando por su vida ahí dentro.


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