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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 196

Capítulo 196

CAPÍTULO 121

Alexander apagó el motor y miró al asiento del copiloto. Su nuevo amigo, el perro de tres patas que se había convertido en su copiloto inseparable y su boleto de entrada a la vida de su esposa, lo miraba moviendo la cola, ajeno a los dramas humanos de herencias e infartos.

- Vamos, compañero -susurró Alexander, bajando del coche-. Tienes una cita médica. O al menos, eso vamosa decir.

Caminó hacia la puerta lateral, antes de que su dedo pudiera rozar el botón, la puerta se abrió, revelando a Lucía.

- Está cerrada la clínica, Alexander -dijo ella, a modo de saludo, aunque sus ojos escaneaban el rostro de él buscando señales de malas noticias.

Alexander se detuvo en el umbral, con el perro sentado a sus pies.

- Lo sé. Pero pensé que harías una excepción por nosotros. El paciente necesita su revisión.

Lucía suspiró y se hizo a un lado para dejarlos pasar.

- En realidad... te estaba esperando -admitió ella, cerrando la puerta tras ellos y siguiéndolos por las escaleras hacia el apartamento.

Alexander se detuvo a mitad del primer tramo y se giró.

- ¿Me esperabas?

- No me escribiste ni una vez-le recriminó ella, y había angustia en su voz-. Cuando te despediste en la clínica en la mañana, me dijiste: "cada hora te escribo para contarte cómo sigue el abuelo".

Estuve pegada al teléfono toda la tarde, Alexander.

Vi pasar las horas: las dos, las tres, las seis... y nada. Ni un mensaje. Pensé lo peor.

Alexander sintió la culpa golpearlo.

- Perdón, Lucía. No fue descuido. Es que... en realidad no tenemos ninguna noticia del abuelo.

- ¿Cómo que no hay noticias? Han pasado ocho horas.

- Sigue en cuidados intensivos, sedado е intubado. Los médicos dicen que "estable dentro de la gravedad" es lo único que pueden decirnos.

No hay cambios. Es una espera agónica. - Alexander se pasó la mano por el cabello, agotado -. Y la abuela... Matilde no quiere que nadie se acerquea él.

Terminaron de subir las escaleras y entraron en la pequeña sala de estar, donde el olor a orégano y queso caliente llenaba el ambiente.

- ¿Nadie? -preguntó Lucía.

- Nadie. Se ha atrincherado en la habitación. Nos prohibió la entrada a todos, a mis padres, a Roberto... incluida vos. Dijo que Augusto necesita silencio absoluto y que nuestra presencia solo trae estrés.

Capítulo 196 1

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