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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 197

Capítulo 197

Alexander miró la pizza. No tenía hambre, tenía el estómago cerrado por la angustia, pero la idea de compartir algo tan normal, tan doméstico, le pareció el mayor lujo del mundo.

- Sí, por favor. Me encantaría.

Alina fue a buscar otro plato. Se sentaron los tres alrededor de la mesa baja, comiendo en un silencio cómodo, roto solo por los comentarios ocasionales sobre el queso o la masa. El perro descansaba a los pies de Alexander, masticando felizmente un trozo de borde que Alina le había "tirado por accidente".

- Cuánto siento que tu abuelo esté internado nuevamente -dijo Lucía, dejando su porción a medio terminar-. Justo cuando estaba tan vital...

con lo de los niños, el telescopio... parecía que tenía veinte años menos.

- Fue demasiado para su corazón -respondió Alexander sombríamente-. Ver la realidad de su familia sin filtros... ver que su legado está muriendo... creo que eso duele más que cualquier arteria tapada.

 

- Se recuperará -aseguró Lucía-. Es un hombre fuerte. Y tiene a Matilde. El amor cura, Alexander.

De verdad lo hace.

Alexander la miró. Se dio cuenta de cuánto la admiraba, y de cuánto la necesitaba VegaCorp en este momento de crisis.

En medio de la charla, Alexander dejó el plato y se inclinó hacia adelante.

- Lucía... -dijo, cambiando el tono a uno más serio-. Tengo que preguntarte algo. Lo he estado pensando todo el día mientras intentaba calmar a los accionistas que llamaban pidiendo explicaciones.

- ¿Qué pasa?

- ¿Querrías volver a tener un puesto en la empresa? -soltó él-. No digo la Presidencia, sé que renunciaste y que estás dolida. Pero... un puesto en el consejo. O en la Fundación, ahora que Elisa está fuera. Te necesitamos, Lucía. Hoy, en la oficina, se sentía tu ausencia. Los empleados preguntan. Los socios preguntan.

Alina dejó de masticar y miró a su amiga, esperando la respuesta.

 

- No, Alexander -respondió ella, con una voz suave pero inquebrantable.

Alexander no insistió. No se sorprendió.

-¿Estás segura? Podrías hacer mucho bien.

Tienes poder real ahora.

- El poder no me interesa si el precio es mi paz - dijo ella-. Mi lugar está aquí. Con los animales que no mienten. Con los niños que necesitan un hogar, no acciones de bolsa. VegaCorp es tu mundo, Alexander. Y el de tu familia. Ustedes tienen que arreglarlo. Yo... yo ya tengo mi propio imperio que cuidar.

Alexander asintió lentamente. Sabía que no lograría convencerla. Y, en el fondo, una parte de él se alegraba.

- Respeto eso -dijo él.

Terminaron de cenar. Alexander ayudó a recoger los platos, un gesto que dejó a Alina con la boca abierta.

- Bueno -dijo él, mirando el reloj. Eran casi las once-. Debo irme. No quiero dejar a mi abuela sola en el hospital, aunque no me deje entrar.

Estaré en la sala de espera por si sale.

 

- Dale mis saludos -pidió Lucía-. Y dile que rezo por Augusto.

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