Capítulo 214
Estaba guardando los cepillos cuando una sombra se proyectó en la entrada del box.
Era su madre.
Su madre, a los cincuenta y tantos años, seguía siendo una mujer hermosa. Llevaba el cabello suelto, un vestido ligero de verano y unas sandalias cómodas. Aunque había delegado gran parte de la gestión diaria de la clínica urbana, seguía siendo la fuerza motriz detrás de la finca y de la familia.
- Mamá -saludó Sofía, saliendo del box y cerrando la puerta-. ¿Qué haces aquí? Pensé que estabas en la casa grande preparando el menú de festejo.
Lucía se acercó y le dio un beso en la mejilla, sin importarle el polvo.
- Fanny lo tiene todo bajo control. -Lucía miró hacia el camino por donde se había ido Benicio y luego a su hija-. ¿Sabes algo de tu hermano?
Sofía se tensó. El tema prohibido. Mateo.
- ¿De Mateo? -Sofía se limpió las manos en un trapo-. No he hablado con él desde la mañana.
¿Por qué?
- Lo he estado llamando -dijo Lucía, sacando su celular y mirando la pantalla negra-. No contesta.
Le mandé mensajes y no los lee. -Lucía levantó la vista, con los ojos llenos de esa angustia materna que nunca desaparece-. Hoy es su gran día, Sofía.
Su nombramiento oficial. Le dije a tu padre que vinieran a comer a la casa para celebrar. Hice su comida favorita. Alexander me dijo que hablaron en la oficina, que todo fue bien, pero... creo que no va a llegar hoy tampoco.
Sofía sabía exactamente qué tipo de presentimiento era. Era el mismo nudo en el estómago que ella sentía cada vez que Mateo desaparecía.
- Dijo que vendría -continuó Lucía, tratando de convencerse a sí misma-. Alexander me aseguró que Mateo al finalizar el horario de oficina vendría.
Sofía soltó una risa amarga, corta.
- - No creo, mamá.
- No, nunca he ido a ese club -admitió Sofía, pensativa-. Benicio seguramente sí ha ido, deberías preguntarle a él. Aunque no creo que nos diga mucho; los hombres De la Vega tienen un código de silencio estúpido.
Sofía se quedó un momento en silencio, considerando la situación.
- Podría ir hoy -murmuró para sí misma-.
Alguien tiene que sacarlo de ahí.
- No -dijo Lucía con firmeza-. No quiero tener a dos hijos metidos en ese club. Ya es suficiente con uno.
Sofía miró a su madre, luego miró hacia el camino principal.
Tomó una decisión impulsiva.
- Sabes, mamá... voy a alcanzar a Benicio -dijo Sofía, desatándose el pañuelo del cuello-. Cambié de idea sobre buscar a nuestro primo al aeropuerto.

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