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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 221

Capítulo 221

CAPÍTULO 139

Como a media mañana, cuando el sol ya calentaba con fuerza y Sofía estaba bañada en una fina capa de sudor, un silbido fuerte y alegre rompió su concentración.

Sofía tiró de las riendas, haciendo que Eclipse redujera la marcha hasta un trote suave, y miró hacia la valla blanca que rodeaba la pista.

Allí, apoyado perezosamente contra la madera, con unas gafas de sol oscuras y una camisa de lino desabotonada, estaba Benicio.

A él le encantaba ver a su prima saltar. Siempre decía que era el único momento en el que Sofía parecía una verdadera de la Vega.

Sofía se acercó trotando hasta la valla y detuvo al caballo frente a él. Se quitó el casco de equitación, dejando caer su trenza, y lo miró con fingida severidad.

- ¿Es que vos no vas a trabajar nunca en la vida? - le preguntó, jadeando un poco por el esfuerzoHoy es miércoles, Benicio. La empresa está abierta.

Benicio se quitó las gafas de sol con un movimiento dramático y le sonrió con esa insolencia que lo hacía irresistible.

- Hola, yo también estoy muy bien, gracias por preguntar, primita querida -respondió irónicamente-. Qué lindo'es ser recibido con tanto amor y calidez familiar.

- Hablo en serio. Tu padre te va a matar si sigues faltando a la oficina.

- Tranquila. Mi equipo de logística funciona perfectamente sin mi. Les di la mañana libre a mi cerebro. Además, quería saber que fue eso de ayer.

-Benicio apoyó los codos en la valla, mirándola de cerca-. Quien te entiende a vos. Primero me dijiste que no, que tenías mucho trabajo, que los caballos esto y aquello... y luego resulta que llegas al aeropuerto antes que yo, solo para terminar huyendo antes de decir "bienvenido a casa".

Sofía sintió que el rubor le subía a las mejillas.

Desvió la mirada hacia las crines de Eclipse.

- Benicio, estoy entrenando, ¿no ves? No tengo tiempo para tus interrogatorios.

- Lo veo, lo veo -dijo él.

En ese momento, Benicio sacó de su mochila una cámara fotográfica profesional con un lente enorme, y antes de que ella pudiera quejarse, empezó a tomar fotos, el sonido del obturador disparándose en ráfaga rápida.

- ¡Oye! ¿Qué haces? -preguntó Sofía, levantando una mano para taparse la cara-. ¡Estoy toda sudada y llena de arena!

- Estoy inmortalizando el momento -respondió Benicio, ajustando el enfoque-. "La heredera salvaje en su hábitat natural". Necesito contenido para mis redes sociales. Mis seguidores aman cuando publico fotos de la finca.Les da ese aire rústico que a los chicos de ciudad les vuelve locos.

- Eres un idiota -se rió Sofía, bajando la mano y permitiendo que le tomara un par de fotos.

Benicio y Sofía eran muy unidos. Desde pequeños, él había sido el cómplice de sus travesuras, el que la encubría cuando rompía algo en la mansión, y ella era la única que escuchaba a Benicio cuando sentía que su padre, Rodrigo, le exigía demasiado.

Al finalizar la práctica, Sofía desmontó y comenzó a caminar junto a Eclipse para enfriarlo, guiándolo hacia las duchas de los caballos. Benicio caminaba a su lado, revisando las fotos en la pantalla de la cámara.

- Benicio... -empezó Sofía, sin mirarlo, concentrada en quitar el sudor del caballo.

- Dime, jefa.

- Quería pedirte un favor. -Sofía cerró un poco la boquilla de la manguera para que el chorro fuera más suave-. Necesito que me acompañes a un lugar.

Benicio levantó la vista de la cámara, intrigado.

-¿Tú? Esto hay que anotarlo en el calendario. ¿A dónde quieres ir? ¿A comprar botas nuevas?

- No. Quiero que me acompañes al club.

- ¿A cuál club? ¿Al de polo?

- No. Al Club Velvet.

El ambiente cambió drásticamente. Benicio dejó caer la cámara, que quedó colgando de la correa de su cuello, y su sonrisa juguetona desapareció por completo. Miró a su prima, sorprendido.

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