Capítulo 239
CAPÍTULO 156
Lucía recogió su tableta de la mesa y soltó un suspiro, negando con la cabeza ante las tácticas de su esposo.
- Tu tio no tiene remedio -comentó Lucía con una sonrisa afectuosa- Creo que va a someterla a un interrogatorio profundo.
Thiago se frotó la nuca, exhalando el aire que no sabía que estaba conteniendo.
- Que lo intente. Karla sabe defenderse sola. Es muy lista.
- Me alegra que hayas vuelto, Thiago -le dijo Lucía, acercándose para darle un apretón en el brazo- Te hemos extrañado. Pero ahora debo irme. Sofía me estaba esperando en el despacho de Mateo para volver juntas a la finca, y conociéndola, debe estar a punto de subirse por las paredes.
- Lo sé -rió Thiago- Te acompaño a buscarla.
Así aprovecho para saludar a mi prima antes de que huya al campo.
Ambos salieron de la sala de juntas y caminaron por el ancho pasillo alfombrado que conectaba con las oficinas de las direcciones globales.
Al doblar la esquina que daba al pasillo del archivo y la oficina de Mateo, la conversación se detuvo en seco.
Frente a ellos, esparcidos por el brillante suelo de mármol como si hubiera nevado cartulina, había docenas de documentos, carpetas y hojas sueltas. Y en medio de ese desastre, sentados en el piso, se encontraban Sofía y un joven de traje que parecía a punto de sufrir un ataque de pánico.
-¿Qué sucedió aquí? -preguntó Thiago, con el tono de un director exigiendo explicaciones, su instinto sobreprotector activándose al ver a su prima en el suelo con un desconocido.
Sofía levantó la vista, apartándose un mechón de cabello castaño de la cara. Al ver a su madre y a Thiago, se apresuró a recoger las últimas carpetas.
- Nada importante -respondió Sofía, sacudiéndose el polvo invisible de los pantalonesNo me fijé por dónde caminaba, venía distraída mirando el teléfono, y me lo llevé puesto. Pobre, lo tiré al suelo junto con todos sus reportes.
Esteban, el practicante, estaba rojo como un tomate maduro. Tenía las gafas ligeramente torcidas y las manos le temblaban mientras apilaba los papeles.
Sentía que acababa de arruinar su carrera en su primer día al chocar con alguien que claramente pertenecía a las altas esferas de la empresa.
Sofía se puso de pie y miró a su madre.
- Mamá, ¿ya terminaron? ¿Nos podemos ir? El aire acondicionado me está matando.
- Sí, mi amor. Vamos -asintió Lucía, comprendiendo la urgencia de su hija por escapar.
Antes de caminar hacia los ascensores, Sofía se giró hacia el joven que seguía de rodillas, acomodando las carpetas con torpeza. Sofía se agachó levemente y le extendió la mano.
- Es un placer. No me había presentado en medio de todo este choque -dijo ella, con esa sonrisa radiante y sincera que iluminaba los pasillos grises de la corporación- Soy Sofía. Sofía de la Vega.
A Esteban se le iluminaron los ojos color miel. El terror de ser despedido se esfumó, reemplazado por un asombro absoluto. Aceptó la mano de la joven, sintiendo la suavidad y la fuerza en su agarre.
-El... el placer es todo mío, señorita de la Vega - tartamudeó Esteban, sintiendo que el corazón le latía en la gargantaThiago, observando la interacción desde arriba, sintió una punzada de irritación irracional al ver la forma en que el practicante miraba a su prima.
Carraspeó, aclarando su garganta de forma sonora para romper la burbuja que parecía haberse formado entre los dos jóvenes.
Lucía tomó del brazo a Sofía, guiándola hacia los elevadores.
Cuando ambas mujeres subieron a la cabina y las puertas de metal comenzaron a cerrarse, Thiago se quedó de pie en el pasillo, mirando al practicante que apenas se ponía de pie, abrazando las carpetas contra su pecho como si fueran un escudo.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.