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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 240

Capítulo 240

CAPÍTULO 157

El viaje de regreso desde VegaCorp hasta la serenidad de la finca transcurrió en un silencio tan absoluto que resultaba casi ensordecedor.

Ni bien los neumáticos crujieron sobre la grava del camino principal de la finca y el coche se detuvo frente a la casa, Sofía abrió la puerta antes de que el motor se apagara por completo.

- Me voy a los establos, mamá -anunció Sofía, sin mirarla directamente, ajustándose la chaqueta de cuero con un gesto brusco- Eclipse necesita que lo cepille y tengo que revisar las herraduras de las yeguas nuevas.

- Está bien, cariño. Te alcanzo en un rato - respondió Lucía con voz suave, dejándola ir.

Lucía observó cómo la figura de su hija se alejaba rápidamente hacia las caballerizas, perdiéndose entre las cercas de madera blanca. Al entrar a la sala se encontró con su mejor amiga, Alina.

- - ¡Mírate nada más! Al fin te dejas ver -bromeó Alina, bajando la revista y dándole un sorbo a su café.

Lucía dejó el maletín sobre una silla y se acercó para darle un abrazo apretado a su amiga.

- Qué alegría verte aquí. Pensé que hoy tenías turno doble en la clínica.

Alina entrecerró los ojos, adoptando una pose de analista.

- Antes no te podíamos sacar de la veterinaria ni con una orden judicial. Dormías ahí, comías ahí, vivías para ese lugar.Y ahora... ahora no colocas un pie allí ni aunque te paguemos en oro.

Lucía se sirvió una taza de café, sintiendo el calor de la cerámica en sus manos, y se apoyó contra la encimera de granito, frente a su amiga.

- Sabes que tengo mucho trabajo aquí, Alina-se defendió Lucía con una sonrisa a mediasTenemos la temporada de cría encima, y la administración de la finca me consume. Además, ustedes lo administran muy bien en la ciudad.

Confío en ti, en Luis. Ya no me necesitan, esa clinica es de ustedes ahora.

-Nadie dijo que no te necesitáramos -replicó Alina, poniéndose seria por un momento-. Тe extrañamos, Lu. Sé distinguir cuando estás ocupada de cuando estás huyendo de algo. O, en este caso, cuando estás preocupada por algo.

Alina señaló la frente de Lucía con el dedo índice.

- A ver, cuéntame qué sucede. Habla.

Lucía bajó la mirada hacia su taza. No había secretos entre ellas.

- Creo que mis hijos están enamorados -confesó Lucía finalmente, en un murmullo cargado de vulnerabilidad.

Los ojos de Alina se abrieron de par en par, y una sonrisa de pura emoción iluminó su rostro. Dejó la taza sobre la isla de mármol con un golpe seco, apoyando los codos sobre la superficie y acercándose a su amiga como si estuvieran a punto de compartir un secreto de estado.

- ¡Eso no es un problema! -exclamó Alina, bajando la voz en un susurro dramático-. ¡Este tipo de historias me gusta! Cuéntamelo todo, con detalles, fechas y nombres, porque esos dos herméticos no me dirán ni una palabra.

Lucía no compartió el entusiasmo de su amiga. Su rostro reflejaba una preocupación profunda, una sombra que oscurecía el verde de sus ojos. Caminó hacia la ventana de la cocina que daba directamente a los establos, viendo a lo lejos la figura de Sofía cepillando a su caballo con una ferocidad inusual.

- No estoy segura de que sean buenos amores para ellos, Alina -murmuró Lucía, abrazándose a sí misma.

-¿Por qué dices eso? ¿Los conoces? -preguntó Alina, frunciendo el ceño-Mateo es un misterio pero Sofía... por fin le hizo caso a alguno de los polistas del club.1

Lucía apretó las manos alrededor de su taza de café.

-Thiago acaba de regresar de Asia. Y no regresó solo. Trajo a una mujer con él, Karla. Una ejecutiva brillante, hermosa, afilada como un cuchillo, que claramente comparte más que una oficina con él.

Hoy en la junta, la forma en que Sofía miraba esa dinámica... le rompía el corazón. Mi hija salió huyendo de esa sala de juntas, Alina. Y ahora está allá afuera, castigando su propio cuerpo trabajando bajo el sol para no pensar.

Alina estiró la mano y cubrió las manos tensas de Lucía con las suyas, ofreciéndole el anclaje de una amistad de toda la vida.

- Te estás preocupando de antemano -le dijo Alina, con un tono suave pero lleno de convicción -. Míralos. Piensa en quién los crió. Son chicos inteligentes, fuertes. Han sobrevivido al abandono cuando eran bebés, se adaptaron a vivir rodeados de la locura de los de la Vega sin perder su esencia. Y lo más importante, espera a que ellos te hablen. Puede que solo sean sospechas.

Lucía miró a su amiga con los ojos brillantes por las lágrimas contenidas.

- No quiero ver a mis niños sufrir por nada. Ya sufrieron suficiente en sus primeros años de vida.

Les prometí que en esta familia estarían a salvo.

- No puedes protegerlos de la vida, Lucía -le recordó Alina con ternura, apretándole las manosNi siquiera con todos los millones de VegaCorp. El dolor es parte de crecer. Tienen que romperse el corazón para aprender a curarlo. Y si se caen, lo único que puedes hacer es lo que siempre has hecho: estar ahí para ayudarles a recoger los pedazos.

Lucía cerró los ojos, dejando que una lágrima solitaria trazara un camino por su mejilla antes de limpiársela rápidamente. Sabía que Alina tenía razón. La sobreprotección solo crearía muros más altos entre ella y sus hijos.

- Supongo que tendré que confiar en que hicimos un buen trabajo con ellos -murmuró Lucía.

- Hicieron el mejor trabajo del mundo -aseguró Alina, dándole una sonrisa cálida - 

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