Capítulo 327
CAPÍTULO 242
Karla caminaba de un lado a otro de la sala de estar, con una copa de vino tinto medio vacía en la mano y el teléfono móvil apretado en la otra. En la pantalla, brillaba una fotografía pixelada y mal encuadrada.
En la imagen se veía a Thiago de la Vega de espaldas, abriéndose paso entre la multitud. Pero lo que le quemaba la sangre a Karla no era el lugar; era que Thiago llevaba a Sofía firmemente tomada de la mano.
Karla arrojó el teléfono sobre la mesa de cristal con un golpe sordo.
Estaba muerta de rabia. Celos crudos, corrosivos y primitivos le devoraban el estómago.
- Somos solo familia -susurró Karla, imitando la voz de Thiago con amargura- Mentiroso.
Respiró hondo, cerrando los ojos para recuperar el control. Karla no era una mujer que se dejara vencer por las emociones; era una estratega. Si Thiago estaba ciego por esa campesina, ella tendría que asegurarse de que Sofía estuviera demasiado ocupada para interponerse en su camino.
Tomó el teléfono móvil de nuevo y buscó en sus contactos. Eran las tres de la madrugada, pero sabía que los hombres desesperados no duermen.
Pulsó llamar.
Al tercer tono, una voz ronca y cautelosa contestó.
- ¿Señorita Karla? ¿Pasó algo con el trabajo?
- No te llamo por asuntos de VegaCorp, Esteban -dijo Karla, yendo directo al grano, sin cortesíasTe llamo por nuestro arreglo. Necesito respuestas y las necesito ahora.
Al otro lado de la línea, el practicante tragó saliva, el miedo evidente en su silencio.
- Dígame.
- ¿Cuánto dinero necesitas? -preguntó Karla con frialdad.
Hubo una pausa. El sonido del tráfico lejano se filtró por el auricular.
-¿Perdón? No la entiendo.
- No te hagas el estúpido conmigo, Esteban. Sé perfectamente cómo te miraban esos prestamistas en el hipódromo y sé que no puedes pagarles con tu sueldo de practicante. -Karla caminó hacia el ventanal, mirando su propio reflejo en el cristal- Te estoy ofreciendo la salida. Dime la cifra exacta que necesitas para limpiar tus deudas de juego.
Ella no era una mujer de riqueza generacional como Thiago o sus primos; no tenía fideicomisos ni herencias millonarias respaldando su apellido.
Sin embargo, su agresividad en los mercados asiáticos le había granjeado una cuenta bancaria considerable. Tenía dinero. Y estaba dispuesta a hacer la inversión necesaria para comprar la lealtad absoluta del peón que la llevaría a donde quería estar: al lado del rey.
- Pues asegúrate de que ese algo más se consolide rápido -exigió ella- Pero, Esteban, escúchame bien: trata de que no se entere de tus malos hábitos. Contrólate. Ni un solo billete apostado, ni una sola visita al casino, ni un juego de cartas con tus amigos del barrio. Si Sofía, o peor aún, si Alexander de la Vega descubre que el chico con el que sale es un ludópata encubierto, te destruirán. Y si ellos te destruyen, yo no te voy a salvar.
- Lo entiendo perfectamente -aseguró el joven, aunque el temblor en su voz delataba su pánicoNo volveré a apostar. Se lo juro por mi vida.
- Tu vida no me interesa, Esteban. Me interesan los resultados. -Karla sonrió en la oscuridad del apartamento- Tienes que ganarte un lugar en su mesa. Tienes que ser indispensable para ella.
- Es difícil. En el hipódromo, la tía me miró como si fuera basura, y Thiago... bueno, Thiago me fulmina con la mirada cada vez que respiro cerca de su prima.
- De Thiago me encargo yo -sentenció Karla-Y en cuanto a la familia... te ayudaré a asistir a los eventos importantes. Te prepararé. Se aproxima una gala muy importante donde estarán todos presentes. La Gala Anual. Tienes que ir como su acompañante oficial.
- No sé si Sofía me invitará a un evento de esa magnitud.
- Lo hará. Sé el hombre comprensivo y abrumado por el trabajo que necesita un respiro. A las mujeres como Sofía les encanta el papel de salvadoras -aconsejó Karla con cinismo-Y si no te invita ella, me encargaré de que te llegue una invitación corporativa y te pondré en su misma mesa.
- Lo haré, señorita Karla. Cuente conmigo.
- Más te vale. Te enviaré el comprobante de la transferencia en unas horas. Y Esteban... borra mi número de tu registro de llamadas. No quiero rastros.
Karla colgó la llamada sin esperar respuesta y lanzó el teléfono al sofá.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.