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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 249

Capítulo 249

CAPÍTULO 165

El café en la taza de porcelana de Karla se había quedado completamente frío, pero ella no hizo el menor ademán de apartarlo o de pedir uno nuevo.

Volvió a su oficina, se sentó en su silla de cuero blanco y abrió su computadora portátil. Thiago había dejado claro que entre ellos solo habría una relación estrictamente profesional. Bien. Si él quería jugar con esas reglas, ella sería la jugadora más implacable. Pero para ello, necesitaba recuperar el control absoluto de sus propios movimientos.

Quince minutos después, las puertas del despacho de Karla se abrieron. Thiago entró. A simple vista, parecía haber recuperado su fachada habitual. Su chaqueta estaba perfectamente abotonada, su postura era erguida y su rostro no mostraba ninguna emoción evidente. Pero Karla, que había pasado el último año estudiando cada uno de sus gestos, notó la tensión residual en la línea de su mandíbula y la forma en que evitaba mirarla directamente a los ojos.

- Los documentos de aduanas ya están en el sistema -anunció Thiago, caminando hacia la mesa de reuniones anexa a la oficina de Karla, fingiendo revisar unos papeles- El practicante los dejó antes de volver a su puesto. Todo está en orden para la exportación de mañana.

- Excelente -respondió Karla, sin levantar la vista de su pantalla. Su voz sonó plana, carente de cualquier matiz de familiaridad.

Trabajaron en silencio durante el resto de la tarde.

Thiago hizo un par de intentos por iniciar una conversación sobre las proyecciones del siguiente trimestre, pero Karla se limitó a responder con monosílabos y datos precisos, sin darle margen para extender la charla.

Thiago apagó su tableta, la guardó en su maletín de cuero y se acercó al escritorio de Karla. Se aflojó ligeramente la corbata, buscando un respiro en la rigidez del día.

- Bueno, creo que es suficiente por hoy -dijo él, intentando sonar casual, buscando en los ojos oscuros de ella alguna chispa de la complicidad que solían compartir en Asia- Ha sido un día bastante largo. ¿Ya estás lista? Si quieres, recoge tus cosas.

Te llevo a tu departamento para que puedas descansar.

Karla dejó de teclear, cerró la pantalla de su laptop con un chasquido suave y lo miró. Su expresión era indescifrable, una máscara de perfecta cortesía corporativa.

- No, gracias, Thiago -respondió ella, con una calma que lo descolocó- No es necesario que me lleves. Vuelvo sola.

Thiago frunció el ceño, desconcertado por el rechazo directo. Estaban acostumbrados a moverse juntos.

- Karla, no seas absurda. Tu departamento está de camino a mi ruta. No me cuesta nada dejarte.

Además, es tarde y no conoces bien la ciudad todavía.

- No soy una turista, Thiago. Y prefiero volver sola -insistió ella, poniéndose de pie y tomando su bolso de diseñador- De hecho, hay un asunto logístico que quiero resolver antes de irme. Si pudieras ayudarme con eso, te lo agradecería.

Thiago se cruzó de brazos, sintiendo que estaba perdiendo el hilo de la conversación.

- Dime. ¿De qué se trata?

- Quiero que me ayudes a buscar un coche. Para mí -declaró Karla, sosteniendo su mirada con una firmeza absoluta- Necesito movilidad propia. No puedo depender de ti para ir y venir de la oficina, ni para mis reuniones externas, ni para regresar a mi casa al final del día. Necesito mi propia independencia, Thiago.

Le estaba diciendo que, si iban a ser solo compañeros de trabajo, entonces dejaría de actuar como su sombra personal. Ya no se subiría a su asiento de copiloto.

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