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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 258

Capítulo 258

CAPÍTULO 174

Esteban, llevaba la última media hora vagando por la periferia del evento. Con su traje gris un pосо más holgado de lo necesario y una copa de vino que apenas había tocado.

Su mirada, sin embargo, no buscaba la aprobación de su estricto jefe, Thiago, ni la de la impecable Karla. Lo que realmente quería, lo que lo había mantenido dando vueltas alrededor de la zona de los asadores como un satélite tímido, era acercarse a Sofía.

La había visto desde el momento en que llegó a la finca en el autobús fletado por la empresa. A diferencia de las ejecutivas con sus vestidos de cóctel y tacones imposibles para el césped, Sofía llevaba un vestido largo y fluido y unas botas bajas de cuero. Se movía entre las mesas con una naturalidad apabullante, riendo con los empleados de mantenimiento de la misma forma en que saludaba a los accionistas más importantes.

Armándose de valor, y aprovechando que Mateo no estaba en la mesa principal y Benicio había arrastrado a Thiago hacia la barra libre se acercó a la mesa principal.

- Buenas noches -saludó Esteban, con un ligero temblor en la voz, deteniéndose a una distancia prudente del grupo donde Sofía conversaba con su madre.

Lucía, le dedicó una sonrisa maternal.

- Hola, Esteban. Me alegra que hayas venido.

¿Estás disfrutando?

- Sí, señora de la Vega. Todo es... magnífico.

Gracias por la invitación.

Lucía le dio una palmadita en el hombro y también se levantó de la mesa. Esteban se quedó allí, у finalmente, sus ojos se encontraron con los de Sofía.

La joven De la Vega se giró hacia él, y la sonrisa que le dedicó fue tan genuina que a Esteban se le olvidó de todo por un segundo.

- ¡Esteban! -exclamó ella, acercándose un paso - ¡Llegaste! Sobreviviste al viaje en autobús.

- Logré subir al último. Ha sido un viaje largo, pero... todo está increíble aquí -dijo él, señalando la inmensa carpa iluminada y los jardines- Es un lugar espectacular, señorita Sofía.

Sofía soltó una carcajada cristalina y negó con la cabeza, apoyándose en la mesa de madera rústica donde descansaban las ensaladas.

- Te he dicho mil veces que no me llames "señorita", Esteban. Y nada de esto es mérito mío.

Todo lo organizó mi madre.Yo solo me encargué de que los caballos no se comieran las flores de los centros de mesa.

Esteban sonrió, relajando los hombros al notar que la barrera corporativa que Thiago imponía no existía con ella.

Esteban la miró, comprendiendo al instante la profundidad de su vocación. No veía a una heredera millonaria quejándose por no poder disfrutar de una fiesta de gala; veía a una cuidadora apasionada, atada a su deber.

No lo pensó dos veces.

-¿Puedo ir a conocer a la yegua? -preguntó él, ofreciéndole una salida de emergencia de aquel evento ruidoso- Digo... ¿quieres ir a ver cómo está? Si vas sola, tu familia te hará preguntas, pero si dices que le estás mostrando la finca a un empleado curioso... nadie sospechará.

Los ojos verdes de Sofía se iluminaron. La propuesta era un salvavidas lanzado en el momento exacto.

- ¿Harías eso por mí? ¿'Te perderías el discurso de mi padre por oler a heno y sudor de caballo?

- El discurso del señor Alexander seguro estará en el boletín interno el lunes -bromeó Esteban, ajustándose los anteojos- Pero un nacimiento...

eso no se ve todos los días. Vamos.

- Claro -aceptó ella de inmediato, tomando su mano por un breve segundo, un gesto instintivo que hizo que a Esteban se le acelerara el pulso.1

Se escabulleron de la zona de los asadores y caminaron por el sendero de grava fina que se alejaba de la música y las luces, adentrándose en la tranquilidad de los establos.

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