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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 26

Capítulo 26

CAPÍTULO 15

Cuando el chofer abrió la puerta trasera del sedán negro, el aire fresco de la noche golpeó el rostro de Lucía, pero no fue suficiente para enfriar el calor del pánico que le subía por el cuello. Estaba muerta de miedo.

El conductor, un hombre amable que había notado sus manos temblorosas en el espejo retrovisor, ya le había advertido: "Señora, la entrada está llena.

Todos están preguntando por usted".

Respiró hondo, evocando la misma frialdad que usaba en el quirófano cuando una vida dependía de su pulso. <<No eres la víctima. Eres la esposa.

Actúa».

Bajó del coche. Su zapato de tacón golpeó el suelo con firmeza.

Alexander ya estaba ahí, esperándola al pie de la escalinata. La miraba con una intensidad que la quemaba, una mezcla de furia por el retraso y un deseo oscuro que no se molestaba en ocultar.

Él la tomó del brazo, sus dedos apretando su piel desnuda con posesión, y la acercó a su cuerpo.

Olía a peligro y a colonia cara.

- Llegas tarde -le susurró al oído, con una voz que era un gruñido suave.

Lucía mantuvo la vista al frente, sonriendo a la nada.

- Tuve una urgencia médica, ya te lo dije. Hay cosas más importantes que los canapés, Alexander.

- No esta noche. Lo importante es que ya estás aqui. Y, maldita sea, estás... adecuada.

Lucía sabía que "adecuada" en el idioma de Alexander significaba "deslumbrante", pero no le daría el gusto de agradecérselo. Ambos sentían todas las miradas clavadas en ellos mientras subían los escalones hacia el vestíbulo principal.

Alexander sabía que no lo miraban a él. La miraban a ella.

No podía entender cómo todo le salía biena esta mujer. Llegó tarde, lo hizo esperar, casi arruina la entrada, y sin embargo, su retraso solo sirvió para crear una expectativa dramática que ahora la convertía en la estrella absoluta de la noche.

Al cruzar el umbral del salón de baile, el efecto fue inmediato.

Todos los hombres presentes pusieron sus ojos en ella.

En la barra, al otro lado del salón, la reacción fue más visceral.

Fernando Castillo, que estaba bebiendo un whisky, se atragantó. La copa casi se le cae de la mano, derramando un poco de líquido ámbar sobre su puño. Sus ojos se abrieron como platos, incrédulos, escaneando el rostro de la mujer de rojo. <No puede ser», pensó, sintiendo que el suelo se movía bajo sus pies. <<Es ella. Es Lucía».

Pero Lucía no lo vio. Su mundo se reducía a mantener la postura y no tropezar con la alfombra.

Estuvieron parados en la entrada casi una hora, formando una línea de recepción improvisada junto a Eleonor y Ricardo. Fue un desfile interminable de manos sudorosas, besos al aire y sonrisas falsas.

- Encantada... Gracias... Sí, es una noche preciosa... -repetía Lucía como un autómata.

Capítulo 26 1

Capítulo 26 2

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