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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 27

Capítulo 27

Lucía iba a galas. Lucía era donante. Lucía tenía una vida social activa y respetada de la que él no tenía ni la más remota idea. Damián había dicho que era "tranquila", no que se codeaba con la élite filantrópica.

- He estado... bastante ocupado con la expansión de la empresa en Asia -improvisó Alexander, apretando la mandíbula-. Pero este año iremos juntos, se lo aseguro. No pienso dejarla sola ni un minuto más.

- Me alegra oír eso. Hacen una pareja formidable.

Con permiso. -El señor Fernández les guiñó un ojo y se alejó.

Alexander se giró hacia Lucía, mirándola con una mezcla de admiración y recelo.

- Veo que en estos diez años has hecho mucho, querida esposa. Galas, donaciones, amigos millonarios... Eres una caja de sorpresas.

- Al igual que tú, querido esposo -respondió ella sin inmutarse, bebiendo un sorbo de champán-.

Tú estabas ocupado con tus modelos y tus negocios. Yo estaba ocupada construyendo mi reputación. No me quedé sentada esperando a que volvieras.

Ella no se dejaría intimidar por él. Alexander sintió un escalofrío de excitación. Esa mujer era un reto constante.

Estabana punto de retomar el camino hacia los abuelos cuando una sombra dorada y perfumada se materializó a su lado.

Victoria Navarro.

Sus ojos recorrieron a Lucía con desdén, buscando fallas en el vestido, en el peinado, en la piel. No encontró ninguna, lo que la enfureció más.

- Alexander -ronroneó ella, tocándole el brazo con familiaridad excesiva-. ¿No vas a presentarme a tu esposa? Nos tienes a todos en ascuas.

Alexander se tensó. Odiaba estas situaciones.

- Claro que sí -dijo con frialdad, retirando el brazo-. Victoria, ella es Lucía Flores, mi esposa.

Lucía, ella es Victoria... Castillo. La esposa de uno de nuestros directivos.

Lucía asintió educadamente.

- Un placer.

- El placer es todo mio -dijo Victoria, con voz empalagosa-. Tenía tanta curiosidad. Alexander es... bueno, es muy especial para mí. Somos viejos amigos.

El subtexto era tan claro que hasta un ciego lo vería.

En ese momento, una figura masculina se acercó por detrás de Victoria.

- Victoria, no acapares a los anfitriones -dijo una voz masculina que hizo que la sangre de Lucía se congelara en sus venas.

Lucía levantó la vista.

Y ahí estaba.

Fernando Castillo.

El mismo rostro, un poco más viejo pero con la misma mirada ambiciosa. El hombre que la había besado esa mañana de hace diez años, el hombre que le prometió amor eterno y luego la dejó tirada en la iglesia como basura mientras se casaba con la mujer que ahora estaba parada a su lado.

Lucía sintió que el salón empezaba a dar vueltas.

El ruido de la fiesta se convirtió un zumbido sordo.

Su mano apretó la copa de champán con tanta fuerza que temió romper el cristal.

Capítulo 27 1

Capítulo 27 2

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