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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 28

Capítulo 28

CAPÍTULO 16

Desde el exterior, todo parecía un triunfo rotundo.

Alexander De la Vega, el anfitrión, sonreía y asentía, pero por dentro era un manojo de nervios tensados al límite.

A Alexander le gustaba tener el control. Adoraba la previsibilidad de los mercados financieros y la lógica de los contratos. Pero esta noche, tenía el control de todo -la música, la comida, la iluminación- menos de la situación real.

Estaba de pie cerca de una columna de mármol, vigilando a Lucía, que hablaba animadamente con un grupo de inversores, cuando Damián se materializó a su lado como una sombra de mal agüero.

- Señor -susurró el jefe de seguridad, inclinándose discretamente-, tenemos una pequeña situación.

Alexander no apartó la vista de su esposa.

- Define "pequeña", Damián. ¿Se acabó el caviar?

¿Alguien se emborrachó y cayó a la fuente?

-Peor. La señorita Constanza acaba de llegar.

Alexander giró la cabeza tan rápido que sintió un tirón en el cuello.

-¿Qué? La despedí ayer. Le prohibí la entrada.

- Se coló con una invitación de uno de los proveedores de marketing. No pudimos detenerla sin armar un escándalo en la puerta. Y me temo que no es la única. -Damián hizo una pausa, revisando su tablet-. También está aquí Marifer, la periodista de espectáculos del Canal 4. Y, por supuesto, Victoria sigue rondando la barra libre.

Alexander cerró los ojos un segundo, pidiendo paciencia al cielo.

- Es decir, que tenemos a mi ex-amante recién despedida, a mi ex-aventura de una noche que ahora es periodista de chismes, y a mi ex-amante casada con mi empleado.

- Básicamente, señor. Parece una convención.

- ¿Es que acaso todas las mujeres con las que he compartido cama decidieron estar presentes el día de hoy? -masculló Alexander entre dientes-.

Solo falta que aparezca mi profesora de francés de la secundaria.

- Lo vigilaré, señor. Pero el problema es que todas parecen querer acercarse a la señora Lucía.

Alexander sintió un escalofrío. Abrió los ojos y buscó a su esposa.

Lucía ya no estaba con los inversores.

- Oh, sí -respondió Marifer, tomando la mano de Lucía con cariño--. Lucía es maravillosa. Es nuestro ángel guardián en el canal.

¿Ángel guardián? -Alexander miró a Lucía, buscando una explicación.

- Lucía siempre está donando en los teletones que se organizan en el canal para el Hospital de Niños -explicó Marifer con admiración-. Y no solo dona dinero. Hace dos años, cuando tuvimos el caso de los niños quemados, ella ofreció terapia con animales de forma gratuita. Trajo cachorros y conejos para ayudar a los pequeños en su recuperación emocional. No ayuda solo a los animales, Alexander, ayuda a muchos niños.

Alexander se quedó mudo. Otra faceta de su esposa que desconocía. Damián le había dicho que "ayudaba", pero no le había dicho que era una figura respetada en el ámbito filantrópico.

- Es más -continuó Marifer, ignorando el asombro de Alexander-, se la iba a presentar a tu cuñada, Elisa. La esposa de Rodrigo.

En ese momento, Elisa se acercó al grupo. La esposa de Rodrigo era una mujer alta, rubia y perpetuamente insatisfecha, que llevaba años haciendo lobby para controlar el dinero de la caridad familiar.

-¿Hablaban de mí? -preguntó Elisa, con una sonrisa de tiburón, mirando el vestido rojo de Lucía con envidia mal disimulada.

-Sí -dijo Marifer-. Le decía a Augusto que Lucía tiene una experiencia increíble en gestión de donaciones. Deberías pedirle ayuda para organizar la Fundación De la Vega, Elisa. Sé que has tenido... problemas con la última gala benéfica.

La cara de Elisa se puso roja de ira contenida.

- La fundación está perfectamente bien -espetó.

- No, no lo está -intervino el abuelo Augusto, golpeando el suelo con su bastón para pedir silencio-. Los números han bajado. Y Marifer tiene razón. Necesitamos sangre nueva y corazones reales, no gente que organiza fiestas para salir en la foto.

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