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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 29

Capítulo 29

Augusto puso una mano sobre el hombro de Lucía.

- Ya está dicho. He tomado una decisión. Lucía va a ser la nueva Directora de la Fundación De la Vega.

El silencio que siguió fue sepulcral.

Elisa abrió la boca, indignada. Alexander abrió los ojos, sorprendido. Y Lucía... Lucía se sintió completamente fuera de la conversación. Estaban hablando de ella como si no existiera, decidiendo su futuro y otorgándole cargos que ella no había pedido.

- Abuelo, yo tengo mi clínica... -intentó protestar Lucía.

- Podrás con todo, eres una mujer capaz - sentenció Augusto-. Elisa, tú quedarás como subdirectora. Aprende de ella.

Elisa miró a Lucía con odio puro. Intentó poner la mejor cara posible frente al patriarca, pero estaba odiada. Odiaba que la recién llegada, la "esposa fantasma", tomara tanto protagonismo y le robara el puesto por el que había estado adulando al viejo durante años.

- Será un... honor -mintió Elisa, y se dio media vuelta, marchándose antes de gritar.

El ambiente quedó tenso. Marifer, notando que había lanzado una granada y disfrutando del espectáculo, dejó su copa en la bandeja de un camarero que pasaba.

- Bueno, después de tanta emoción, quiero ir al baño -dijo Marifer, girándose hacia Lucía con una complicidad repentina-. ¿Me acompañas, Lu?

Necesito retocarme el labial y seguro tú también.

- Sí, por supuesto -respondió Lucía. Necesitaba escapar de la mirada intensa de Alexander y de la presión del abuelo-. Vamos.

Alexander dio un paso adelante, bloqueándoles el paso. El pánico se apoderó de él. Marifer a solas con Lucía en un baño cerrado era la receta para el desastre. Marifer no tenía filtro. Le contaría todo.

- Marifer, creo que puedes ir sola. Lucía debe quedarse a saludar a los embajadores que acaban de llegar.

- Tonterías -interrumpió el abuelo Augusto, empujando levemente a Alexander con el bastón -. Deja que se vayan las mujeres, muchacho. Los embajadores pueden esperar. No seas asfixiante.

- Pero abuelo...

- Ve, Lucía -ordenó Augusto con una sonrisa-. Y cuidado con esta periodista, que le gusta el chisme.

Alexander vio con impotencia cómo su esposa y su ex-amante se alejaban del brazo hacia el pasillo de los baños. Sintió que el nudo de su corbata lo estrangulaba.

Marifer se acercó al espejo y sacó un labial rojo.

Lucía se lavó las manos, observándola por el reflejo. Sabía que Marifer quería decirle algo. La había notado mirándola de forma extraña toda la noche.

- Nunca me habías dicho que estabas casada - soltó Marifer de repente, delineándose los labios con precisión.

Lucía se secó las manos con una toalla de hilo.

- Sí... soy una mujer casada. Es una larga historia, Marifer. Una que he mantenido en privado por...

seguridad.

- Entiendo. -Marifer guardó el labial y se giró, apoyándose en el lavabo-. Mira, Lucía. Tú me caes muy bien. Eres una de las pocas personas auténticas en este círculo de víboras. Y por eso...

creo que debo ser honesta contigo.

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