Capítulo 311
CAPÍTULO 227
Thiago aun estaba en la oficina cuando sacó su teléfono y marcó un número en marcación rápida.
-¿Si? -contestó la voz de Benicio al segundo tono. Sonaba distraído, con el ruido sordo de un teclado de fondo.
-¿Qué estás haciendo? -preguntó Thiago, sin molestarse en saludar.
- Trabajando -respondió Benicio, tecleando con fuerza- Sorpresa, sorpresa. El perezoso de la familia está trabajando en una nueva campaña publicitaria para los mercados de Asia.
Thiago miró su reloj de muñeca.
- Es sábado, Benicio. Son casi las cuatro de la tarde.
-¿Y eso qué tiene que ver? -replicó su hermano menor, con un tono mordaz que dejaba entrever el agotamiento- Estoy trabajando. Vos crees que sos el único que trabaja en esta empresa, Emperador. Pero resulta que algunos tenemos que arreglar los desastres de imagen pública en el mundo real, no solo en hojas de cálculo. Tengo que dejar los guiones listos para la grabación del lunes.
- Puedes dejar eso para el lunes a primera hora - dictaminó Thiago, utilizando su habitual tono de mando, ese que no admitía réplicas.
Benicio soltó una carcajada seca al otro lado de la línea.
- Claro, como es tan fácil. Oye, si me llamaste para auditar mi productividad, puedes irte al diablo, déjame en paz. Estoy muy ocupado.
- No te llamé para controlarte-lo cortó Thiago, perdiendo un poco de la paciencia que le quedaba - Ocupo que me acompañes a un lugar. Ahora.
El tecleo se detuvo abruptamente.
-¿A dónde?
- Al hipódromo.
Hubo un silencio largo en la línea. Thiago podía imaginar perfectamente la expresión de su hermano: la ceja enarcada, los ojos oscuros llenos de sospecha.
-¿Al hipódromo? -repitió Benicio, incrédulo- ¿Para qué demonios quieres ir tú al hipódromo un sábado por la tarde? No tenemos caballos corriendo hoy. Y que yo sepa, tu idea de diversión no incluye ir a ver caballos al hipódromo.
Thiago se pasó una mano por el cabello, frustrado por tener que justificar su movimiento.
- Es un asunto... familiar. Y de relaciones públicas. Te lo contaré en el camino Mamá también está allí.
La excusa era endeble, y Thiago lo sabía.
- ¿Mamá? -Benicio soltó un bufido- Mamá lleva media vida peleándose con los organizadores de eventos, Thiago. No necesita supervisión. No busques excusas tontas.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.