Capítulo 312
CAPÍTULO 228
- Bueno -dijo Benicio, estirando los brazos con pereza- aquí estamos. En el paraíso del polvo y los caballos. Vamos a buscar a mamá. Seguro está con Sofía, torturándola con algún detalle insignificante de la gala benéfica.
Thiago no respondió. Bajó del coche y ajustó los puños de su camisa.
- Y por hacerte caso a vos -continuó quejándose Benicio, cerrando la puerta con un golpe sordo y caminando al lado de su hermano mayor- seguro nos ponea trabajar para la Fundación apenas nos vea. Te advierto, Thiago: vas a trabajar más vos que yo. Por vos estoy acá. Yo no soy cargador de sillas de tijera, ahora además de empresario, licenciado en relaciones públicas soy un modelo de comerciales, recuerda.
- Nadie va a cargar sillas, Benicio. Solo vinimos a hacer acto de presencia -replicó Thiago, cortante, con la mirada escaneando el perímetro.
Buscaba dos rostros en particular, y ninguno de ellos era el de su madre.
Se adentraron en el complejo, pasando por los jardines impecablemente cuidados y dirigiéndose hacia la zona de los salones del hipódromo.
Y tal como lo había predicho Benicio, cuando Elisa vio aparecer a sus dos hijos caminando hacia ella, se le iluminó la cara con una genuina expresión de triunfo.
- ¡Mis niños! -exclamó Elisa, alzando las manos con anillos relucientes, olvidándose por un momento de las muestras de tela.
Pero la sorpresa para Thiago no fue la efusividad de su madre, sino la persona que estaba de pie a su lado, sosteniendo un muestrario de colores pastel con una paciencia gélida y perfecta.
- Karla, ven -llamó Elisa, girándose hacia la mujer que la acompañaba- Mira quiénes vinieron a ayudarnos.
Thiago se detuvo en seco, sintiendo que el aire se le atascaba en los pulmones. Benicio, a su lado, soltó un silbido bajo.
Karla estaba allí. Al ver a Thiago, sus ojos oscuros no mostraron ni un ápice de sorpresa, solo una fría cortesía.
Thiago fue quien rompió el silencio, adelantándose un paso, incapaz de disimular la tensión en su voz.
- Karla. ¿Qué haces aquí?
La pregunta sonó más a una acusación que a un saludo. Encontrarla allí, colaborando con su madre, en un sábado, lo descolocó por completo.
Karla le sostuvo la mirada, impasible.
- Tu madre me llamó esta mañana -explicó ella, con una voz suave y melodiosa que no revelaba nada de sus verdaderas intenciones- Me preguntó si podría ayudarla con la coordinación logística de algunas compras y envíos internacionales para la cena de la Fundación. Y como nunca había venido al hipódromo aquí estoy.
Elisa asintió con entusiasmo, tomando el brazo de Karla como si fueran amigas de toda la vida.
- Karla ha sido una bendición, Thiago. Tiene un gusto exquisito y una capacidad de organización maravillosa. Sofía es un desastre para estas cosas, es igualita a su madre, así que necesitaba a alguien con... visión.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.