Capítulo 315
CAPÍTULO 231
Karla, notó de inmediato que los hermanos de la Vega se alejaban, dejándola prácticamente a solas con el empleado del departamento legal.
Esteban, que había estado aplaudiendo los saltos de Sofía con un entusiasmo que parecía sincero, sintió que el aire se enfriaba a su lado. Se giró ligeramente y se encontró con los ojos oscuros y calculadores de su superiora directa. Karla lo estaba evaluando.
Sin Thiago presente para actuar como amortiguador, Karla no tenía necesidad de usar la diplomacia corporativa.
- Hacen un equipo magnífico, ¿verdad? - comentó Karla, señalando hacia la pista con un gesto elegante de la mano, rompiendo el silencio.
- Sí -respondió Esteban, adoptando su tono de subordinado respetuoso- Sofía tiene un control absoluto sobre el animal. Es impresionante.
Karla soltó una risita seca, girándose hacia él, apoyando un codo en la barandilla de madera blanca.
- No me refería a la chica y el caballo, Esteban.
Me refería a ustedes dos. El empleado y la accionista. Hacen un equipo... interesante.
Esteban tragó saliva. La forma en que Karla lo miraba le provocaba la misma sensación de claustrofobia que sentía cuando los cobradores lo acorralaban en los pasillos de su antiguo edificio.
-Solo somos compañeros de trabajo, señorita Karla. Ella ha sido muy amable mostrándome el lugar.
- Por favor, Esteban. Ahórrate el guión de Recursos Humanos -lo cortó Karla, acercándose un paso más, invadiendo su espacio personalEstamos fuera de la oficina. Seamos sinceros.
Karla miró hacia la zona donde horas antes Sofía los había interceptado.
- Sabes... Me parece poco normal que alguien como tú, un practicante recién graduado que vive en un barrio periférico de la ciudad, conozca a esos apostadores de los palcos privados. -La voz de Karla era un susurro afilado- Los vi saludarte con la mirada, Esteban. Son hombres peligrosos.
Son hombres que apuestan fuerte, en mercados que no tributan y en carreras que no figuran en las pizarras oficiales. Hay mucho dinero involucrado en esa ventanilla donde te atrapó tu amiga.
El color abandonó el rostro de Esteban. El pánico genuino hizo que sus manos temblaran, y apretó los puños para disimularlo.
- ¿De... de qué hablas? -intentó balbucear, fingiendo ignorancia- Yo no los conozco. Solo estaba mirando cómo funciona el sistema de cuotas, por curiosidad profesional. Para entender la estructura del hipódromo.
Karla soltó un bufido de desprecio, sacudiendo la cabeza con lástima.
¿Sofía lo sabe? -preguntó directamente, lanzando el dardo al centro de la diana.
Esteban se quedó mudo. No sabía qué responder.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.