Capítulo 318
CAPÍTULO 234
Cerca del mediodía, Mateo llegó a la planta ejecutiva. Ignoró los saludos cautelosos de los empleados en el pasillo y entró al despacho de Thiago sin molestarse en llamar a la puerta.
Thiago estaba de pie tras su escritorio, revisando unos papeles con la concentración férrea que lo caracterizaba.
- Hasta que por fin te dignas a venir -dijo Thiago, con un tono que mezclaba el sarcasmo habitual con una genuina sorpresa profesional- Veo que Sofía no exageraba. Realmente pareces un extra de una película barata de la mafia, primo.
Thiago rodeó el escritorio y se apoyó en el borde, cruzando los brazos, evaluando el daño visible.
- Aunque, ya no te queda ni un rastro de tu pelea callejera. Asumo que tu asunto urgente está relacionado con ella y terminó en desastre. ¿Me equivoco?
- Ahórrate los comentarios, Thiago -masculló Mateo, cerrando la puerta con un golpe sordo y quitándose las gafas de sol con brusquedad, revelando la magnitud del daño: el pómulo de un tono amarillento verdoso - No estoy de humor para tus análisis ni para tus sermones. ¿Dónde están los papeles? Los firmo y me largo.
Thiago no hizo más preguntas, sabiendo que hurgar en la herida abierta de su primo solo resultaría en un enfrentamiento que la empresa no necesitaba.
- Están aquí -dijo Thiago, acercándole una carpeta - Necesito tu firma en la última página y tus iniciales en los anexos de mitigación de impacto ambiental.
Mateo estaba apunto de firmar cuando la puerta de conexión con el despacho adjunto se abrió con un leve zumbido.
Karla entró con paso firme, leyendo unos apuntes en su tableta inteligente, sin levantar la vista.
- Thiago, el enlace con Asia está listo para la videoconferencia y...
Karla levantó la vista y se detuvo en seco al ver a Mateo; detuvo su marcha. Paseó su mirada fría, por el rostro destrozado del Director. En sus ojos oscuros no hubo ni un ápice de sorpresa, y mucho menos compasión; sólo un juicio instantáneo.
- Vaya -dijo Karla, cruzándose de brazos, con una media sonrisa de desprecio que apenas curvó sus labios pintados- Con razón no te dignas a pisar la oficina en toda la semana, Mateo. Te entiendo perfectamente. Yo tampoco lo haría con esa cara de perdedor.
Mateo se quedó paralizado, con el bolígrafo a centímetros del papel. Podría haberle respondido, podría haber usado su posición jerárquica para ponerla en su lugar, pero en el fondo de su corazón roto, sentía que ella tenía razón: era un perdedor.
Sin seguirles la corriente, sin molestarse en justificar sus moretones ni su ausencia, Mateo bajó la mirada, firmó con un trazo rápido la última página y garabateó sus iniciales en los anexos correspondientes.
- Listo -dijo él secamente, cerrando la carpeta y empujándola hacia Thiago- Mi parte está hecha.

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