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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 346

El silencio que siguió fue absoluto. Solo el relincho lejano de un caballo rompió la tensión.

Thiago bajó la mirada, incapaz de sostener la de Karla. La verdad, fea, dolorosa y prohibida, estaba finalmente a la luz del día, expuesta por la mujer a la que había intentado usar como escudo.

No dijo que no. Su silencio fue la confesión más ruidosa que Karla había escuchado en su vida.

Karla retrocedió un paso, sintiendo una mezcla de triunfo analítico y un dolor personal y humillante.

Se había acostado con un hombre que estaba enamorado de otra. Peor aún, de alguien de su propia familia.

-vDios mío, Thiago-susurró Karla, negando con la cabeza con incredulidad y repulsión- ¿No ves lo absurdo, lo enfermo de toda esta situación para la familia de ustedes? ¡Son primos, Thiago! ¿ES que en esta dinastía de locos a nadie le importa la genética o la moral básica?

La acusación golpeó a Thiago como un látigo, provocando que su instinto de defensa se activara con violencia.

- ¡No somos primos de sangre! -respondió por primera vez Thiago, elevando la voz, escupiendo las palabras como si llevaran fuego- ¡No hay ninguna genética compartida, Karla!

Karla se quedó muda, parpadeando ante la revelación.

-¿De qué hablas?

- Todos saben que Sofía y Mateo fueron adoptados por Alexander y Lucía -siseó Thiago, apretando los puños a los costados- Llegaron a la familia cuando tenían cinco años. Yo tenía casi ocho. Crecimos en la misma casa, sí, nos criaron con el mismo apellido. Para el mundo, y para la familia extendida, somos primos. Pero biológicamente, ella y yo no compartimos ni una gota de sangre. No hay nada malo en lo que siento.

Karla no sabía de ese detalle. En los registros corporativos y en la prensa social, Mateo y Sofía eran siempre presentados como los hijos legítimos de los fundadores. La historia de la adopción no era un secreto, pero en Shanghái, a miles de kilómetros de distancia, ese chisme doméstico nunca había llegado a oídos de la ejecutiva.

Karla asimiló la información rápidamente. El tabú biológico no existía, lo que hacía que los sentimientos de Thiago fueran una amenaza mucho más real y tangible para sus propios planes de poder.

Se enderezó, recuperando su aplomo de hierro, y le lanzó una sonrisa que era puro veneno.

- Bien. Entonces no son familia. Solo una obsesión cobarde -dictaminó Karla, implacablePero eso sí te digo, Thiago, y te lo digo para que dejes de sufrir como un mártir adolescente: el sentimiento es completamente unilateral.

Thiago se tensó, sintiendo el impacto de la frase.

Karla se dio media vuelta.

- Y Thiago... -añadió ella, deteniéndose sin mirarlo- Quédate con tu campesina. Si ella es lo que quieres, ve por ella. Pero te aseguro que, con esa actitud, ella seguirá prefiriendoa cualquiera antes que a ti.

Karla salió de los corrales, sus tacones repiqueteando contra el cemento, dejando a Thiago ahí parado en las sombras.

A lo lejos, al final del pasillo iluminado por el sol del atardecer, vio la escena que Karla le había señalado.

Sofía estaba sentada en un fardo de heno, riendo abiertamente. Esteban estaba a su lado, consolándola de las palabras venenosas de Karla, haciéndola sonreír. El le limpiaba una mancha de polvo de la mejilla con una ternura torpe рего genuina, y Sofía no se apartaba; al contrario, cerraba los ojos y aceptaba el gesto con una vulnerabilidad que Thiago nunca había logrado despertar en ella.

Thiago cerró los ojos, sintiendo un dolor sordo y profundo en el pecho. Había huido a Asia para olvidarla. Había construido un imperio para demostrar que era digno. Había traído a otra mujer para darle celos.

Y todo había sido inútil.

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