Capítulo 345
CAPÍTULO 260
Las palabras de Karla dejaron tensa a Sofía. La advertencia sobre que los hombres buscan sofisticación y no lodo, y la clara amenaza territorial sobre Thiago, seguían zumbando en sus oidos como avispas molestas. A pesar de haberle respondido con dureza, el ataque había logrado su propósito: sembrar la duda y golpear su seguridad. Sofía se aferraba al cabestro de Eclipse, acariciando el cuello del semental no tanto para calmar al animal, sino para calmarse a sí misma.
Esteban estaba a su lado para acompañarla. No decía nada; Le alcanzó una botella de agua fresca y se quedó allí, como un centinela silencioso.
Desde la distancia Thiago lo observó todo.
Sus ojos oscuros no perdían detalle de la escena.
Vio la forma en que Sofía se apoyaba sutilmente hacia Esteban, la forma en que el le entregaba el agua con una reverencia casi devota, y la manera en que ambos compartían un silencio cómodo tras la tormenta. Thiago sintió que el nudo en su garganta se apretaba hasta casi asfixiarlo. Quería irrumpir alli, apartar a Esteban y ser él quien consolara a su prima. Quería decirle a Karla que se fuera al infierno.
Pero antes de que pudiera dar un solo paso, la voz de la mujer que acababa de envenenar el aire lo detuvo en seco.
- Es patético, ¿sabes?
Thiago se giró bruscamente. Karla estaba detrás de él, apoyada contra uno de los pilares de carga del granero.
-¿Qué hacías ahí abajo, Karla? -le preguntó Thiago, en un siseo bajo y furioso, ignorando su comentario- Te pedí que esperaras en la grada.
Viniste a provocarla. ¿Qué necesidad tenías de insultarla en su propio terreno?
Karla soltó una risa nasal, desprovista de cualquier calidez. Se apartó del pilar y dio un paso hacia él, cruzándose de brazos, mirándolo con un desafío abierto que pocas personas se atreverían a sostener.


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